Monstruos de la historieta argentina – Cecilia “Gato” Fernández, Salvador Sanz y Luciano Saracino

He aquí un anticipo de la transcripción de la mesa redonda “Los monstruos de la historieta argentina: los herederos de gurbos, cascarudos, manos y ellos”, que tuvo lugar en las III Jornadas de Monstruos y Monstruosidades organizadas en el Museo Roca por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA (allá por octubre de 2010) y que será editada en la Actas de dicho congreso.

Mesa redonda

Los monstruos de la historieta argentina:

los herederos de gurbos, cascarudos, manos y ellos

Coordinador: Hernán Martignone

Historietistas: Cecilia “Gato” Fernández, Salvador Sanz, Luciano Saracino

A Carlos Trillo

que casi forma parte de esta mesa

Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López llenaron, en su magnífica historieta El Eternauta (1957-1959), la ciudad de Buenos Aires con monstruos de otro mundo, mostrados o no mostrados, que hasta ese momento pertenecían a países exóticos o por lo menos extranjeros. Otros monstruos han poblado, después, las ricas páginas de la historieta argentina, como aquellos que el Sueñero de Enrique Breccia iba cazando por mundos reales y fantásticos o los Mariscales del Perramus de Sasturain y Breccia o el torturador que Carlos Trillo y Juan Sáenz Valiente presentaron irónicamente con la pinta de un galán de cine en la tremenda Sarna (Iron Eggs) o el infame y desquiciado Guastavino de El síndrome Guastavino (Sudamericana), de Trillo y Varela.

Salvador Sanz, en Desfigurado (Exabrupto), Legión y Nocturno (Ivrea), Angela Della Morte (Ovni Press), vuelve a ubicar criaturas monstruosas en la conocida geografía porteña y argentina; Cecilia “Gato” Fernández, en Ailin (work in progress), pasa de la vigilia al sueño con una protagonista montada en lagartijas gigantes y amenazada por ballenas y parásitos, al tiempo que nos muestra sus miedos más profundos –por cotidianos y familiares– en su álbum autobiográfico El invierno de la cucaracha; Luciano Saracino, guionista de El feo (Fierro), Corina y el pistolero (Llanto de Mudo) y la tira Ciro Todorov, el niño lúgubre –además de autor de libros infantiles como Agendas monstruosas–, juega con diversas concepciones de lo monstruoso desde el humor, desde la estética del tango, desde la ingenua perversidad de la infancia.

Para realizar este recorrido por las obras de una nueva generación de historietistas entablamos un diálogo ameno con los autores sobre la significación de lo monstruoso en sus propias creaciones y en la historieta argentina, que a través del tiempo ha sabido mostrar –desde la conjunción de palabras e imágenes– la otra cara del sueño argentino.

Ilustración de Cecilia Gato Fernández

Hernán Martignone: ¿Cómo llegan los monstruos o lo monstruoso a ustedes y a sus historias?

Cecilia “Gato” Fernández: Los monstruos llegaron a mi vida saliendo de debajo de la cama, como le pasa a todo el mundo, ¿no? Hasta que unos años más tarde me di cuenta de que los monstruos eran los padres y eso me aterró mucho más. Desde infante me encantaban las películas de terror. A los cuatro vi El exorcista y me maravilló. Quería bajar las escaleras como la chica poseída, pero no podía porque no tenía escaleras en casa. Si tenía pesadillas a la noche, nunca llamaba a mis papás, porque ya sabía que los monstruos eran ellos y solo estaban esperando un momento de debilidad para atacar.

Salvador Sanz: Los monstruos llegan a mi vida de muy chico. Recuerdo  que a mi hermano, mayor que yo, le pasaron un libro ilustrado sobre monstruos y fantasmas. Las imágenes me generaban mucho miedo; por primera vez conocí a Medusa, la Gorgona de la mitología griega, y no solo la imagen me daba pavor, sino su historia. La próxima criatura que perturbó mi infancia fue el tiburón de Spielberg. Recién me animé a ver la película entera ya de adolescente.

Luciano Saracino: En realidad, en mi caso yo llegué a los monstruos. Pensá que nací en Buenos Aires, en 1978. Todo estaba lleno de monstruos. Las sombras estaban llenas de monstruos. El ascensor que subía de madrugada era un monstruo. No era fácil vivir así. Uno nunca se acostumbra a sentirse tan rodeado. Yo lo que hice fue estudiarlos para perderles el miedo. Y la literatura (o el cine) fue el lugar donde más simples se me hicieron, porque los otros, los de carne y hueso, era mejor ni mirarlos. Desde muy chico fui una especie de estudioso de todo lo que girara en torno a los monstruos. Desde las revistitas más baratas hasta la maravilla del Eternauta y sus seres extraterrestres. Desde las películas más bizarras hasta joyitas como El exorcista o La profecía. Vino de fábrica: los monstruos y yo. 

Desfigurado, de Salvador Sanz

HM: ¿Qué pueden decir de los monstruos en la historieta en general y en la historieta argentina en particular?

CGF: Tengo que mencionar a Robert Crumb y sus monstruosidades (más allá de que el tipo es en sí un monstruo); a Neil Gaiman y sus cuentos lúgubres y llenos de magia; a Charles  Burns con esas viñetas que podrían ser cuadros, llenos de elementos retorcidos y aterradores, y a Daniel Clowes con, por ejemplo, Como un guante de seda forjado en hierro (un libro plagado de monstruos). En la historieta argentina tendría que mencionar al Eternauta, pero no tengo ganas. Así que llamo a mención a Sarna, la historieta de Carlos Trillo y Juan Sáenz Valiente, donde los monstruos son personas reales, son gente que camina por la calle cumpliendo mejor su papel de monstruo que cualquier criatura sobrenatural que nos podamos imaginar. Anita, la hija del verdugo, de Juan Bobillo, con monstruos maravillosamente creados. Y las historietas del querido y aquí presente Salvador Sanz, que entendió perfecto la definición de la palabra terror. Y no quiero olvidarme de mi maestro, Horacio Lalia, otro gran dibujante de historietas de horror. Elijo estas historietas por variadas, por hermosamente creadas, porque hablan de los monstruos en muchas de sus formas. Pero si me preguntan a mí, por el monstruo en general, el que más me aterra es el monstruo interno, que dependiendo de cómo lo enfrentes te puede cagar la vida o empujarte a vivirla enfrentándote cada día a él.

SS: Todas las criaturas de El Eternauta: cascarudos, manos, gurbos y ellos eran mis favoritos. De mucho más grande accedí a las adaptaciones de Lovecraft realizadas por Alberto Breccia y me voló la cabeza. De adolescente leía la revista Creepy, la versión española, y allí me hice fan de la historieta de horror en blanco y negro.

LS: No es raro que la historieta argentina haya tenido tanta presencia de lo monstruoso. Y claro que no es solo de seres putrefactos o de criaturas abominables de las que hablamos: los policías que vienen a buscar al protagonista de “El corazón delator” (de Trillo y Breccia) son Monstruos; la “Mujer Hermosa” de Perramus (de Sasturain y Breccia) es monstruosa; el crecer toma tintes de monstruoso en El último recreo (de Trillo y Altuna)… ¡La esposa de López! (también de Trillo y Altuna). Naturalmente, en la tradición historietística argentina abundan los monstruos tradicionales: mucho se ha escrito y dibujado sobre vampiros, demonios, aliens y demás cuestiones que tan interesantes son para hacer análisis sobre la sociedad en que vivimos y, claro, para divertirnos un rato. Porque, vamos, no nos vamos a hacer ahora los superserios porque estamos en una charla sobre la filosofía de lo monstruoso: los monstruos nos encantan –a Gato, a Salvador y a mí– porque, también, son divertidísimos… y quedan muy bien cuando los dibujan genios como los que me rodean.

El feo, con guion de Luciano Saracino y dibujos de Omar Hechtenkopf

HM: ¿Qué importancia le dan ustedes a lo monstruoso en sus obras?

CGF: Yo quiero un monstruo que importe, que te persiga, que te aterrorice. Que te haga hacer cosas, que de tan real sea la excusa perfecta para no hacer otras. Mis historietas están plagadas de monstruos, porque todos tenemos miedo, yo tengo miedo y me parece una manera linda de enfrentar el tema. ¿Cuál era la pregunta? Ah, sí. Mucha importancia.

SS: Lo monstruoso está presente en todas. Es un desafío visual y conceptual. Siempre me propongo crear alguna criatura nueva salida de mi imaginación. Claro que las influencias son miles, pero no me interesa contar historias de vampiros, hombres lobos o zombies. Mi desafío es crear mi propia mitología de criaturas.

LS: En mi caso, los monstruos son fundacionales. No tengo obra sin “lo monstruoso” en algún lado, aunque más no sea en un par de viñetas. Tengo algunas obras de tintes costumbristas en las que, en algún momento, lo monstruoso es citado aunque más no sea en una pesadilla. Me gusta trabajar el concepto. Por un lado, cuando escribo libros para chicos me gusta jugar con lo divertidos que pueden ser los monstruos. Convertir en risa lo que debería ser pavoroso. Bastante compleja es la infancia como para que, encima, se le añadan temores (ojo: también tengo algunos libros para chicos que son directamente aterradores; lo que estoy queriendo decir es que, si puedo, elijo la risa; y los monstruos son un código con los chicos que siempre funciona). Los monstruos son los mismos en todos lados y en todas las edades. Un nene le tiene miedo a un vampiro. ¿Te cuento una cosa? Algunas veces yo también. Por eso son tan magníficos. Tengo un libro sobre monstruos que fue traducido a un montón de idiomas (ponele: coreano, serbio, griego…). Yo qué sé cómo es un chico croata o qué cosas le gustan, qué golosinas come, qué juegos prefiere. Lo que te aseguro es que en Croacia conocen tan bien mis monstruos como los conocía el pibe que fui y que vivía en Villa del Parque. Por ahí a La Llorona le dice de otra manera. Pero te aseguro que el concepto lo tiene. Y ese pibe, además, tiene el mismo miedo que tenía mi abuelo cuando era chiquito. Ahora bien; si los monstruos saltan las fronteras y le ganan al tiempo mismo… ¿cómo vas a dejarlos de lado a la hora de escribir? Te cuento una: una vez escribí una historieta que era sobre un gorila policía (King Cop, ilustrada por Omar Hechtenkopf). Si vos en Argentina hablás sobre un gorila policía está más que claro lo que querés decir, ¿no? ¡No hay nada más monstruoso que un gorila policía! (o un policía gorila…). Bueno, el libro se publicó primero en Francia. Y nadie le encontró el chiste. Leyeron una historieta de superhéroes con un monstruo como protagonista. Las críticas fueron estupendas, pero a nadie se le ocurrió ver el costado –si se quiere– político del asunto. Cuando se publicó en Argentina la lectura era tan obvia que no hizo falta ni siquiera mencionarla. Y en los dos casos funcionó: el gorila divierte. El monstruo salta las fronteras. Gusta.

Ailin, de Cecilia Gato Fernández

HM: ¿Qué son para ustedes los monstruos o cómo entienden la idea de lo monstruoso? Para muchos se trata de gigantes, zombies, freaks, cosas horribles y fantásticas, pero también torturadores, personas terribles, etc.

CGF: Todo eso, ¿no? Me gusta variadito. Lo monstruoso tiene muchas lecturas y formas de verlo. Por ejemplo, mi monstruo personal son las cucarachas. Hay gente a la que le pueden asustar las sillas. Lo monstruoso está donde canalices tu terror.

SS: Para mí los monstruos son los diferentes y muchas veces únicos. Siempre me interesó lo diferente y la estética brutal. Pero tratar de encontrar belleza en lo horrible. En lo diferente. El Alien de Giger es el mejor ejemplo de eso. Es una criatura tan bella como horrible.  Es tan amenazante que infunde respeto. Me interesa más representar esa sensación, que hacer una criatura que infunda lástima.

LS: Dice Camus que el infierno es la mirada de los demás. No hay monstruo más tremendo que el cómo nos ven. De esa manera, nosotros también somos monstruos, porque miramos. Somos un espejo que refleja otro espejo. Monstruos observando monstruos. Y eso sirve porque cada monstruo cuida que los otros monstruos no se devoren entre sí. Nos vigilamos. Nos castigamos. Vigilar y castigar: ¿qué otra cosa puede hacer un monstruo? Claro que en el mundo que vivimos el monstruo también es el diferente. Es el pobre que viene a golpearte la ventanilla del auto. Aquel al que hay que destruir. A mí me encanta el concepto de zombie: te rodean; son igualitos a vos (visten como vos, no vienen de Transilvania ni de Marte ni de ningún lugar lejano); tienen hambre… Si te agarran te comen desde adentro. Hay algunas lecturas muy interesantes que plantean que el zombie representa al sistema capitalista que quiere comerte (fijate que piden “cerebros”, por sobre el resto de opciones que tiene el cuerpo para ofrecer). Eso me gusta. Buscar en “lo monstruoso” lo que estamos diciendo como cultura, como sociedad… como autores.

Ilustración de Salvador Sanz

 HM: ¿Hay temas monstruosos en sí o lo monstruoso depende más bien de un enfoque que se le da a un cierto tema?

CGF: Hay temas monstruosos, pero sin en el enfoque no son nada. No sé qué más decir… La respuesta es: enfoque.

LS: Las dos cosas. Una violación es monstruosa. Un asedio de vampiros a un autobús es monstruoso. Claro que podés girar la cámara (o la viñeta) y contar algo que no debería ser monstruoso y volverlo bestial. ¿No nos explicó Barthes que el amor puede ser monstruoso? ¿Conocen una situación más monstruosa que la de estar sumido en amor? ¿Han visto alguna vez a un monstruo más atroz que aquel que sufre de enamoramiento? Ahí tenés un tema que a simple vista no es monstruoso, pero que si le das el enfoque justo lo volvés monstruoso. ¡Por dios! Prefiero un vampiro a un enamorado…

SS: Creo que a todo tema se le puede encontrar el lado monstruoso. Todo lo podemos teñir de oscuridad.

Ciro Todorov, el niño lúgubre, con guión de Luciano Saracino y dibujos de Fernando Rossia

HM: ¿La historieta presenta lo monstruoso solamente a través de la imagen? ¿Qué papel cumple la palabra?

CGF: La historieta se compone de dos cosas para ser creada: el guión y el dibujo. Es la bisexual de las artes. Una cosa no es sin la otra: la palabra justa en el momento justo, y la imagen correcta, con lo que se deja ver y lo que no, en el momento correcto, hacen a una buena historieta monstruosa.

SS: Se puede hacer una historieta muda y sigue siendo historieta. Pero la palabra nos permite darle una profundidad mayor al relato. Es muy difícil contar absolutamente todo solo con la imagen, pero es un desafío mayor.

LS: La historieta es un medio visual. No inventamos nada diciéndolo. Sin embargo (y acá tampoco descubro América), la palabra sugiere. Añade. Suma. Una de las viñetas más monstruosas que yo he leído alguna vez la dibujó y escribió el colega aquí presente, Salvador Sanz. En ella, una joven se asoma a una ventanita absolutamente oscura (la página es enorme, el negro es absoluto). La chica pregunta: “Ey, señor diablo. ¿Es usted?”… ¡Y todo lo que vemos es negro! ¡Vos te construís con lo que llevás adentro de tu alma lo que hay adentro de esa ventanita!

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