Decálogo del perfecto historietista autobiográfico

I

Creé en un maestro —Reggiani & López, Campbell, Zalazar, Spiegelman, Chinaski, Sacco, Cirianni, Trondheim, Terranova, Seth, Loris Z.— como en Crumb mismo.

II

Creé que su vida es una cima inaccesible. No sueñes en tomarla. Cuando puedas vivirla, lo vas a conseguir sin saberlo vos mismo.

III

Resistí cuanto puedas a la invención, pero inventá si el impulso es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la realidad es una larga experiencia con la imaginación.

IV

Tené fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el candor con el que lo deseás. Amá a tu vida como a tu novi@, dándole todo tu corazón.

V

No empieces a escribir ni a dibujar sin saber desde la primera palabra y desde el primer dibujo (tu muerte) adónde vas (tu nacimiento). En una historieta autobiográfica bien lograda, las tres primeras viñetas tienen casi la importancia de las tres últimas. 

VI

Si querés representar con exactitud esta circunstancia: “En el río, me cagaba de frío” (YO, DIBUJADO, TEMBLANDO DE FRÍO EN LA ORILLA DEL RÍO), no hay en lengua humana más palabras –o en código pictográfico más imágenes– que las apuntadas para contarla. Una vez dueño de tus palabras y de tus dibujos, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes o si son en blanco y negro o en color.

VII

No subjetives sin necesidad. Inútiles van a ser cuantas colas de color (local y autobiográfico) adhieras a una verdad objetiva débil. Si encontrás la subjetividad que es precisa, ella sola va a tener un color incomparable. Pero hay que encontrarla.

VIII

Tomá de la mano a tus personajes (vos mismo y quienes que te rodean) y llevalos libremente hasta el final, viendo otra cosa fuera del camino que se trazaron. Distraete viendo lo que vos y ellos no pudieron o no les importó ver. Abusá del lector. Una historieta autobiográfica es una tira cómica decorada con ripios de vida y de ficción. Tené esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea (del todo).

IX

No escribas ni dibujes bajo el imperio de la emoción. Dejate morir, y evocate después. Si sos capaz entonces de revivirte tal cual fuiste, llegaste en la autobiografía al “mezzo del cammin di tua vita”, como quería Dante.

X

Pensá en tu novi@ y en tus amigo@s al escribir y dibujar, y en la impresión que va a causar tu historieta. Contá como si tu relato gráfico tuviera interés para el pequeño ambiente de tus personajes (vos, tu novi@ y tus amig@s), de los que fuiste uno. No de otro modo se obtiene la vida en la historieta autobiográfica.

Basado en el “Decálogo del perfecto cuentista” de Horacio Quiroga.

Hernán Martignone

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