El último mosquetero, de Jason

Un gran descubrimiento fue para mí el de Jason (John Arne Sæterøy, Noruega, 1965) y el de su novela gráfica El último mosquetero (Astiberri, 2008, 48 páginas). Famoso sobre todo por su historieta Yo maté a Adolf Hitler, pero también por Espera… o No me dejes nunca, aquí presenta “la aventura” como fuera de lugar: el mosquetero del que habla el título, Athos, ha sobrevivido unos cuatrocientos años hasta lo que se supone es nuestro presente, y se configura por lo tanto como una suerte de Quijote deprimido en la corte de Sarkozy, un “desubicado” con ideales anticuados que se consuela bebiendo y recordando. Jason suele trabajar con los géneros (el policial, el western), y en esta ocasión cruza la típica (clásica) andanza mosqueteril con la ciencia ficción (clásica). El último mosquetero cuenta con una especie de precuela, Athos en América, que transcurre en el Hollywood de los años veinte y se mete con el mundo del cine y las películas. 

Mientras toma unos tragos, solo, en un banco de la calle, Athos se queda dormido y, al despertar, ve caer unas bolas de fuego desde el cielo y al amanecer se entera de que el planeta ha sido invadido por extraterrestres. ¿Todo es un sueño? ¿Está soñando esa aventura? Su ex compañero Aramis le dirá, casi inmediatamente, cuando vaya a buscarlo para que lo acompañe en su cruzada: “El mundo ha cambiado. Despierta de una vez, Athos. Vives en un sueño. Deja que el presidente se encargue”. No importa, realmente, si todo es soñado. Athos va corriendo, entonces, a buscar a Aramis, que también vive (a diferencia de Porthos), pero él se niega a plegarse a su incipiente aventura, por lo que deberá hacerse cargo solo de frenar a los invasores del planeta Marte. Lo que viene después es una aventura de la más pura estirpe, con armas láser, robots, un emperador despótico, naves espaciales. Pero, claro, está el dibujo de Jason para volverlo todo un poco extraño, para distanciarse y distanciarnos, porque sus animales antropomorfos (de trazo fino, claro, sencillo, cálido) transitan por la aventura a su manera, y es una manera muy particular. La tristeza recorre el álbum de punta a punta, y hay una cierta decepción también que parece teñirlo todo de gris, pese a la colorida paleta que emplea el autor en esas páginas armadas según la grilla de nueve viñetas “a la Watchmen”. Toques de absurdo por aquí y por allá van marcando el tiempo de la acción, como esos diálogos increíbles entre el emperador y uno de sus centinelas, las peleas de espadas en un ritmo que se muestra lentísimo, una princesa que se las trae y el juego con los clichés de los géneros que se homenajean, y que todavía funcionan a la perfección (si están bien usados, como aquí). Se homenajean, decía, y no se parodian o no tanto, porque en la parodia hay una burla cómplice, una burla amigable, que puede volverse amarga (casi siempre en el final, como en el citado Quijote, aunque algo de eso hay acá también). Hay humor también, pero es ese humor amargo, irónico, acorde con el tono general, desopilante por momentos. Leyéndola se me presentaba muy seguido una asociación con otro autor que ha sabido hacer de las suyas con los géneros y con la tristeza (con la decepción), como es el gran Daniel Clowes, el de joyas Como un guante de seda forjado en hierro o Ice Haven. Hay, en la sucesión o en la secuencia, un estilo semejante al de Clowes para hilvanar las acciones. Me parecía una impresión solamente, pero entonces encontré que alguna vez Jason realizó, a pedido de una editorial pero por elección propia, una versión de una página de Clowes. Había, nomás, un aire de familia, o por lo menos unos rasgos comunes que son propios de la frecuentación, de la afinidad, de la amistad (artística).

Naíf, compleja, desoladora, soberbia, El último mosquetero de Jason nos deja ese sabor de las obras que, desde la aparente sencillez de su concepción, alcanzan una profundidad inusitada. Como suele ocurrir, el que quiera leerlo puede pedírselo prestado a Juandy Correa (como yo, con el agradecimiento del caso) o adquirirlo en La Revistería (Av. Corrientes 1388, CABA), solicitándoselo a Alejandro Viktorin o a Ricardo Villarreal (que sabrán venderlo mejor que yo).

Hernán Martignone

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3 respuestas a El último mosquetero, de Jason

  1. Juandy dijo:

    Buenísimo Colo! me dan ganas de comprarmelo de nuevo. Voy a ir por otros del noruego y te los paso. Dicen que en la revi, si vas de parte de SH, te hacen descuento… veremos.

  2. Pingback: Comicópolis 2015: tercer festival internacional de historieta – 17 a 20 de septiembre – Tecnópolis | sobre historieta

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