Transcripción de la charla “Historieta argentina y ciencia ficción” – Mantella, Santellán, Sanz (Primera parte)

El miércoles 11 de julio de 2012 se realizó, en el marco de las Primeras Jornadas Internaciones de Ciencia Ficción, la Mesa redonda “Historieta argentina y ciencia ficción: la viñeta y las máquinas”. Participaron tres historietistas invitados de lujoMauro Mantella (guionista), Matías Santellán (guionista) y Salvador Sanz (artista integral), coordinados por Hernán Martignone. El evento, organizado en conjunto por la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) y la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UNLP), tuvo lugar en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA (CABA). A continuación, la primera parte de la transcripción de lo dicho entonces:

Hernán Martignone: Quiero agradecer antes que nada a las autoridades de la Facultad, a los organizadores de estas jornadas y especialmente al profesor Armando Capalbo, que siempre da lugar a la historieta tanto en las materias y seminarios que dicta como en las jornadas que organiza. Y agradezco también a los tres invitados de hoy por sumarse a esta mesa. Paso a presentarlos.

Mauro Mantella es un guionista que ha publicado, de la mano de diversos dibujantes, múltiples historietas que se enmarcan en la ciencia ficción, con notables influencias de obras de los años cincuenta y de la historieta adulta norteamericana: Fantaciencia, Bizancio, El hombre primordial78km/hTiempo5. Es, además, el traductor de la edición argentina del cómic de zombies The Walking Dead (OvniPress) y ha escrito una de las historias de El Eternauta: El perro llamador.

Matías Santellán ha escrito varias historias cortas (como “Residuos circulares”, con dibujos de Serafín, ganadora del concurso Crack Bang Boom 2011). Publicó en Fierro, La Murcielaga, La Duendes y Sudestada y escribió además “La Postal Infinita”, dibujada por Daniel Mendoza (que ganó el  primer premio en el III Concurso Nacional de Historieta “Francisco Solano López” organizado por la Biblioteca Nacional y  la CONABIP). Además, ha obtenido el Premio Ñ de Historieta por su novela gráfica distópica Reparador de sueños (también dibujada por Serafín), que se inscribe en la tradición de George Orwell y Aldous Huxley.

Salvador Sanz (autor integral) tiene publicados varios libros fundamentales que revisitan el género con una visión cinematográfica pero muy fiel a la tradición historietística nacional, como Desfigurado Angela Della Morte, en los que aborda cuestiones como la noción de realidad y el tema del mal a través de elementos característicos de la ciencia ficción. Es autor también de Legión y Nocturno, y ha participado de la antología de historietas pertenecientes al universo de las películas españolas Rec.

HM: La idea era charlar un poco sobre ciertas cuestiones que uno piensa de la ciencia ficción (CF). Estando en la Argentina, uno tiene que pensar en El Eternauta como el lugar común obligado. Pero lo que yo quería empezar a marcar era que, hasta el día de hoy y con ellos tres y con muchos más, se sigue realizando CF en historieta. Algunos libros de historieta que se han publicando recientemente son las adaptaciones Fahrenheit 451 de Bradbury y La invención de Morel de Bioy Casares (ambas por De la Flor). Hay otros ejemplos: está Dengue (Santullo y Bergara) en Uruguay, que toma una gran epidemia de dengue que cambia la configuración del mundo, o por lo menos del Uruguay, con un prólogo especialmente escrito por Ian Watson. Desde ayer (10 de julio de 2012) se está publicando semanalmente en el sitio Marche un cuadrito, y realizada por el guionista uruguayo Roy y la dibujante argentina Lauri Fernández, una historieta que plantea una ficción de anticipación en relación con los recursos naturales: Regulación 0.75. La dádiva. Después hay varias historietas de Diego Agrimbau, que tiene obras como La burbuja de Bertold o El gran lienzo. Esta es Fergus, detective publicitario, una fantasía distópica que conjuga aventura y humor. Esta otra, El cuervo que sabía, es de Kráneo, un autor del sur de la Argentina, con un toque más simbólico, pero a la vez pura CF. 

La primera pregunta, entonces, para los tres, es qué les parece este momento de la CF y por qué cada uno elige este género para algunas de sus obras.

Salvador Sanz: Ahora que mencionás estas obras que se están publicando, me parece que por ahí no tenemos una superproducción de obras de género de CF. Me imagino que hay otros mercados en el mundo que producen mucho más que nosotros, pero hay algo bastante interesante. Lo de Agrimbau que nombraste, lo de Kráneo, que a mí me gusta mucho… Por ahí no hay un montón, pero es muy interesante. No sé si en la Argentina tuvimos una gran tradición de CF, pero tenemos obras importantes como El Eternauta. Hicimos ese y dijimos: “Bueno, por unos años no tenemos que hacer más nada…”. También es difícil despegarse de esa imagen tan fuerte. Yo elijo hacer CF por gusto personal. Es un género que me apasionó siempre, siempre me sentí cerca de la literatura de CF, de la que leí mucho en un momento. Consumí mucho cine, mucha televisión de género también. Y por supuesto historieta. Es un género en que me siento cómodo trabajando. Tiene una libertad la CF… Prácticamente no tiene límites. Después se terminan metiendo muchas cosas en la CF que no son tan de CF. Tiene que haber máquinas, tecnología, algo relacionado con la ciencia… Y no no fui nunca muy de CF dura, tipo Asimov, Clarke… Mis cosas no tienen una base científica sólida. Yo no estudié ninguna carrera relacionada con la ciencia, yo seguí Bellas Artes… Mi manera de acercarme a la CF pasa más por la filosofía, por el arte. Por momentos es una escenografía la CF, o la estética de la CF, para hablar de otras cosas.

Matías Santellán: En lo primero disiento un poco con Salvador, porque me parece que además del Eternauta hay muchas otras obras representativas de la CF en la historieta argentina. Es como un sello y algo muy representativo de nuestra historieta, que tiene como uno de sus rasgos característicos precisamente a este género. Más allá de que no sea ortodoxo ni CF dura, se va jugando con el género, y hay autores como Barreiro con Insituto… entre tantos otros. Y por ahí mi acercamiento a la CF tiene que ver más con que uno ya mamó eso, en la historieta argentina, y no solo con El Eternauta. Hay una tradición, que llega hasta hoy, por ejemplo con guionistas como Agrimbau.

Mauro Mantella: Es muy difícil la primera pregunta… Es muy general. Paso a la segunda. Yo creo que uno decanta hacia un género. Yo creo que en la CF hay menos barreras. No es un género como el policial, donde hay muchas más reglas. También me gusta la aventura, Borges, Lovecraft… Dentro del cómic hay muchos, uno va cayendo ahí inevitablemente. A mí me gusta la fantasía en general. La CF está medio acotada en cierto sentido. También tenés que atenerte a ciertas reglas… que un poco después igual se fueron diluyendo. Ahí está Julio Verne, que se asombraba con Wells… Cuando veía lo que hacía Wells decía: “Pero este tipo… inventa”. Él tenía más rigor científico. Yo leí mucha literatura, pero llegué más tarde a la CF. Me interesa mucho el fantástico. Pero la CF es inevitable.

HM: ¿Qué es lo que para cada uno define la CF y qué les interesa en particular, qué elementos? ¿Tiene que aparecer una máquina, digamos? Barreiro es uno de los grandes guionistas que trabajó sobre el tema, y hay una relación importante entre las ciencias (o las máquinas) y qué les pasa a las personas dentro de ese género. Se plantean viajes al futuro, máquinas, para ver qué les pasa a las personas con eso.

Sanz: Cuando era más joven leí mucha CF. Ahora por ahí no estoy tan al día con los autores de hoy, como que me quedé en autores de los sesenta hasta los ochenta. De los autores más nuevos no estoy al tanto. Pero leí los más clásicos, los más representativos. Bradbury, que capaz es más de la fantasía. Y también los más duros, como Asimov, Clarke… Recuerdo que lo que más me impactó es Philip Dick. Esa CF es la que más me identificó, que más me hizo volar, la que más más me abrió la cabeza. Si han leído a Dick saben que no hay grandes descripciones de tecnología. Si despega una nave no te dice cómo hace, cómo era… Pero por ahí de pronto aparece una máquina que puede introducirte en tu cerebro recuerdos y cambiarte tu personalidad. Ese tipo de CF es la que me gusta, esos elementos son lo que me empezaron a atraer. Esa cosa de la relación del hombre con la tecnología. Cuando descubrí a Dick ya nada fue igual. Ahora busco eso, la filosofía, la religión. Temas muy confrontativos para ponerte a debatir. Por ahí dicen: “En una mesa, nunca hablés de religión, de política…”. Bueno, en la CF podemos hablar de eso pero diciendo: “Mirá que eso para en un planeta lejano, no en la realidad argentina…”. Entonces esa manera de enmascararlo en una fantasía nos permite hablar de cosas a las que les tenemos más miedo. Incluso la sexualidad. Hay autores como Sturgeon que hablaban de la homosexualidad, cosas que en los cincuenta eran un escándalo… Y el tipo hablaba de una raza que vivía en Venus, que eran hermafroditas. Y eso es lo que siempre me interesó. Igual yo estoy enamorado de la estética de la CF como se hacía antes. Me gusta también la CF dura, tipo Star Trek. No tengo prejuicios con esas cosas, me encantan. También puede tener con que no tengo una solidez científica como para explorar la ciencia. Yo invento, chamuyo… En mi historieta Angela Della Morte se descubre el alma científicamente. Se puede separar el alma del cuerpo. ¿Cómo se hace eso científicamente? No tengo ni idea. Ni pierdo una página explicando eso. A veces en la CF lo interesante es eso, cuando nos hacen todo el chamuyo, que hay una máquina que lo que hace es cercenar una parte del inconsciente y lo traspone… Y empieza ese lenguaje que es alucinante. A veces no te están chamuyando, te están hablando en serio. Pero a mí me va el chamuyo, voy por ese lado.

Santellán: En relación con lo que decía Salvador, en mi caso me llama la atención el género porque siempre lo leí, casi siempre leí CF. Y porque la CF permite hablar de lo humano alejándose, tomando distancia, y seguir hablando de eso, de la sensibilidad humana. Básicamente a mí me gusta inventar ciudades, y para eso la CF es ideal. Uno, dentro de una ciudad, puede imaginar la gente que vive ahí, cómo es la arquitectura, qué conflictos tienen sus habitantes, el gobierno. Ese es el atractivo que yo le encuentro. Respecto de los elementos de la CF, en mi caso yo los explico, pero hay algo de chamuyo también, como decía Salvador. En Reparador de sueños intenté explicar cómo son esas máquinas que a la vez modifican los sueños y los controlan. Pero hay algo de Dick, y también algo de la CF dura, pero desde un punto de vista más humano.

Mantella: En mi caso, creo que pasa porque la CF me ofrece una cierta plasticidad para mis ideas. A mí las ideas me parecen más importantes que el resultado. Las ideas me interesan… no porque las haya, sino por la búsqueda. Creo que hay dos tipos de escritor. Los que usan las ideas como excusa para contar historias y los que usan las historias como excusa para contar ideas. Yo me siento entre los segundos. Por ahí no es tan popular, te queda una historia más fría, si no articulás un poco con los pensamientos de los personajes… Pero bueno, es lo que a mí me interesa. Y uno no puede contra eso. Y si no tenés nada para decir, mejor no digas nada… En el fondo pasa un poco por ahí. Pero claro, escribís menos…

HM: Me interesaba lo que decía Matías sobre la construcción de ciudades. En la ciudad de Reparador de sueños, Polenia, está la construcción de toda una arquitectura. En 78k/h, de Mantella, donde el sol está casi derritiendo la superficie terrestre, y hay una ciudad móvil de autos y camiones. Y en las obras de Salvador se puede ver una relación con espacios reales como el Abasto. Pero incluso en las ciudades inventadas uno encuentra una relación con el mundo como lo conocemos. ¿Cómo se construyen esas ciudades, en qué elementos piensan al crearlas?

Sanz: Si bien mis historias son de fantasía, de CF, de horror, por lo general el escenario es Buenos Aires o algún lugar reconocible. Por alguna razón me cuesta despegarme de mi entorno. Me encantan esas historias que transcurren en el siglo 3800 en las que todo es diferente del presente. El tipo va a tomar un café y el café aparece de la nada… Y toca un botón y dice: “Un poco más frío” y sale más frío… Es todo totalmente ajeno a nuestra realidad. Pero me es difícil escribir eso. Siempre necesito elementos reconocibles. Por eso no me voy mucho al futuro. Las historias siempre transcurren en el presente, incluso en ciudades que conozco, como Buenos Aires. A veces alguna provincia, Puerto Madryn… Y la fantasía se adentra y se confunde en nuestra realidad. Por eso todavía tomo como un gran desafío transformar totalmente la realidad. Crear un mundo donde nunca estuve es un interesante desafío, que tal vez algún día haré, porque ellos (Mauro y Matías) ya diseñaron sus ciudades…

Santellán: En cuanto al diseño de las ciudades, en mi caso siempre surge de algún elemento que es reconocible. Lo interesante por ahí es cómo uno utiliza ese elemento, lo transforma en una ciudad. En el caso de Polenia, me surgió como el desafío de la geometría de los panales, más allá de que el tema de los panales como orden social está muy explorado. Me atrajo el aspecto geométrico. Y puse un personaje que es un mecánico. Pensé en cómo sería una sociedad en la que la geometría mecánica dominara cada aspecto de ella. Y a partir de eso empecé a ver qué le pasaba a un tipo común, que es el personaje central de la historia. La ciudad no está relacionada con ningún aspecto de Buenos Aires, pero quizás el personaje sí, de hecho toma mate. Entonces hay un anclaje en lo argentino, pero desde las sensaciones o la psicología del protagonista. Crear una sociedad desde cero, pero mostrar que en realidad no es tan así, que uno se está remitiendo a lo que conoce y las pone en otras palabras o en otros escenarios.

Mantella: Me acordé de lo que iba a decir antes. Vuelvo a lo de si hay que explicar o no los descubrimientos o los aparatos que uno inventa. Es volver a la época de Julio Verne, es tenerle miedo a la recriminación: tratar de explicar todo para no quedar ante la mentalidad de la época como un loco. Creo que con el tiempo es contraproducente para la obra entrar en esos detalles tecnicistas. Además a mí me da una especie de placer sádico inventar algo que parezca mejor pensado de lo que está. No digo oscurecer las aguas para que parezcan más profundas. Pero a veces la gente se pregunta: “¿Por qué procedimiento habrá llegado a esto? ¿Tendrá sentido desde algún sistema lógico o es un delirio?”. Y está bueno mostrar solamente la superficie de esa idea. Respecto de la creación de ciudades, yo creo que creamos mundos, más bien, y crear mundos es más cómodo, porque son tus propias reglas. Al contrario de lo que pasa en el realismo, que es un lugar recreado. Y es un desafío crear un mundo de CF, un mundo alienígena, por ejemplo. A mí me estimula ver hasta dónde puedo llegar en mi imaginación. Creo que es una cuestión básica, y también te mantiene un poco al pie del cañón. A veces uno siente que algunas cosas las hace más o menos bien, pero tratar de llegar al límite de tu imaginación te impone una autoexigencia que es muy fértil. Pero igual depende de la historia. Hay historias que necesitan de un mundo coherente. Y desarrollarlo en detalle, incluso en detalles que no aparecen en la historia, que hacés para vos, notas que te hacés para vos, para darle más realidad a los personajes… Y tal vez no lo usás. El pasado de un personaje o algo circunstancial como si es zurdo o si se come las uñas. Pero eso después se nota en los detalles. Le otorga un realismo digamos natural…

HM: En las obras de ustedes yo notaba una preocupación que tal vez no es tan de toda la CF, pero sí de Philip Dick. En el caso de Desfigurado, de Salvador Sanz, empieza con una serie de experimentos sobre la percepción, a ver si los personajes perciben qué es la realidad. En Reparador de sueños de Matías Santellán está la cuestión justamente de los sueños, y eso siempre se empieza a contaminar con la oposición realidad/apariencia, qué es lo real verdaderamente. Y en Fantaciencia, de Mauro Mantella, están estos personajes que se introducen en los mundos de ficción. Quisiera saber cuál es la búsqueda de ustedes en relación con eso, con lo real, y cuál sería esa realidad que se está buscando.

Sanz: ¿Qué es lo que estamos buscando? ¿Qué queremos? Profunda la pregunta… Para mí hacer esto, crear una fantasía, un mundo, es una necesidad. Yo escribo y dibujo mis propias historias. Y me cuesta muchísimo no hacerlo. Si no lo hago siento que me falta algo. Siento que tengo que ir al psicólogo… Yo creo que el desafío es crear algo nuevo… Ninguno de nosotros va a descubrir una nueva vacuna ni va a ayudar al mundo con ningún invento que hagamos. Pero es un poco jugar a eso. En mi última historia de Angela Della Morte hay unas personas que descubren el alma empiezan a investigar el alma que encontraron. Y notan en qué parte del alma se encuentra lo negativo del ser humano, lo que supuestamente sería el mal, el mal del hombre, todo lo que nos hace envidiar, pecar… Y descubren que pueden extirparlo, como si fuera una operación, sacarlo como si fuera un cáncer. Y la misión de ellos es salvar al mundo. Creo que la CF tiene un poco esa cosa… de cambiar el mundo y crear tus propias reglas. Jugar a un dios sádico, como dijeron ahí, porque a veces estos mundos tienen una cosa de oscuridad. No vas a crear un mundo idílico y perfecto. Creo que lo lindo es eso. Imaginar y pensar que se pueden hacer cosas nuevas. Yo no soy de esos que creen que “no hay nada nuevo bajo el sol”. Necesito creer que todavía se pueden hacer nuevas cosas. Si uno acepta eso, ya está… Si pienso que todo lo que voy a escribir ya está pensado, o sacado de algo… Lo que no quita que pase eso, porque es muy difícil no influenciarse… Y por ahí uno piensa algo y se maravilla y se queda en “qué groso esto que pensé”… Y en Japón ya la hicieron hace cincuenta años, y después te enterás… Y bueno… yo no la conocía… Se supone que cada vez es más difícil… Con internet tenemos acceso a mucho, y quizás es difícil ser original… Pero para mí el desafío es ese, tratar de hacer algo original.

Santellán: Para mí, hay tópicos que se repiten en cuanto a la temática, pero cada obra tiene su sello. Cada una tiene una particularidad que lo hace único. Respecto de lo real, creo que eso está dado por el aspecto humano de la historia. Cuando uno plantea las características de los personajes, o se puede puede plantear una cotidianeidad, un acercamiento a esa realidad más humana. Y en Reparador de sueños, creo que la cuestión está más por el lado del psicoanálisis… Hay una neurosis constante en el personaje principal, que le da un aspecto de realidad. Fuera de eso, tal vez parezca una historia de CF dura, muy ortodoxa… Pero creo que la particularidad está en eso, en el aspecto neurótico de Cacho. Y la relación con lo real en esta historia estaría dada por eso. En otra historia que hicimos con Serafín, “Residuos circulares”, hay una realidad que es la basura, la contaminación. Un tema muy explorado por la CF. Y ahí también la relación con lo real estaría dada por el sentimiento del oficinista que se ve perturbado por la basura en ese universo tiránico en el que a la vez se ve a sí mismo. Y sin embargo hay también una cuestión de alienación, en la idea del personaje oficinista, que se ve desde la vestimenta. Pero no es que “esto es la realidad” o “no es”, sino que hay cosmovisiones y construcciones. Es más constructivista.

Mantella: El tema de lo real es una de mis obsesiones. Si escribiera solo para mí, todas mis historias terminarían en que la realidad es ficticia. Yo creo que las obsesiones quieren decir algo, y quien más quien menos cualquier persona siente una cierta intriga hacia la única pregunta que importa, que es cómo funciona la realidad. En mi caso, siempre me pregunté por qué esa obsesión, y nunca lo pude dilucidar. Está presente. Una realidad evanescente explicaría muchas cosas. Soy de la idea, o de la esperanza, de que hay algo más grande que usa a la gente para que ciertas ideas se esparzan. Y yo creo que ciertas ideas tienen una función, un sentido, algo quieren decir, algo quieren esclarecer, pero andá a saber qué… Pero yo respeto mucho a esta estética de una realidad falsa… Es algo muy delicado. Son teorías que hay que tener a mano. Yo estoy tratando de no usar más este recurso “Truman Show”… Pero me encanta, me encanta… Fui a ver Matrix y salí flotando, a dos metros del piso.

Para leer la segunda parte, haciendo clic aquí.

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6 respuestas a Transcripción de la charla “Historieta argentina y ciencia ficción” – Mantella, Santellán, Sanz (Primera parte)

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  2. javier dijo:

    Buenísima la Charla! Santellán y Mantella dos Capos! Sanz un Crack! abrazo!

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