Tintín, de Hergé – “Tintín en el país del oro negro” y “Tintín en el Tíbet”

El domicilio de la aventura

Más allá de las vanguardias ejemplares, más allá de las experiencias inenarrables, más allá de las locuras experimentales, la sed de aventura no se apaga nunca. Desde las profundidades de Las mil y una noches hasta una anécdota callejera de ayer en Lanús, narrar es volver a vivir y, por qué no, simplemente vivir. Narrar constituye sin duda una forma de la magia, como ya señaló  a su manera única Borges en “El arte narrativo y la magia”. Tintín, junto con El Corto Maltés y Astérix, es sin más la forma de la historieta aventurera. Además del espíritu, el periodista nacido de Hergé (que da nombre a la saga) comparte con el italiano las referencias a hecho cruciales del siglo XX en el que se sitúan sus acciones y con el valiente galo un humor irrepetible y un mismo idioma (el francés como lengua de la historieta). La forma de los títulos, como los que nos acompañan hoy, se repite en Tintín y en Astérix, del mismo modo que en las series de Indiana Jones o en los libros de Bomba. Los paisajes (la geografía, si se quiere) conforman y confirman también una parte esencial de lo que llamamos la aventura, y por eso están ya desde el principio, desde las letras capitales que nos reciben en la portada de los álbumes como si fueran la llave que abre la puerta a la acción. Y en medio de ese color tan local como universal, vamos siempre de la mano del infatigable periodista Tintín que, a diferencia de Clark Kent, no necesita ponerse ningún traje para zambullirse en sus correrías alrededor del mundo, y más allá.

Tintín y la línea clara

Georges Remi, el artista belga después conocido como Hergé (pronunciación francesa de sus iniciales R. G. invertidas), sentó las bases en el mundo de la historieta de la escuela de lo que ha dado en llamarse la línea clara (ligne claire), ese estilo gráfico en el que todas las líneas del dibujo son igualmente importantes y que presenta a personajes de claro estilo caricaturesco paseándose por fondos más bien realistas. Y no es para nada casual esa elección estética, ya que así coinciden la forma con el fondo: el trazo caricaturesco de los  personajes se condice con las excelentes pinceladas de humor del guión, que abunda en gags visuales y verbales, y el realismo de los fondos y objetos permite la identificación del lector con los lugares en los que se desarrolla la acción (el Congo, América, la Luna, el desierto, el Tíbet). 

Petróleo sonriente

Tintín en el país del oro negro presenta al elenco estable de la historieta, ya irreemplazable: el propio Tintín, su perrito Milú, los investigadores Hernández y Fernández, el eufemístico Capitán Haddock y el loco científico sordo Tornasol. Tampoco faltan los ingredientes que hacen de una aventura de Tintín algo único (aunque sean 23 álbumes y uno inconcluso): los enredos de casi vodevil, las idas y venidas, la aparición de personajes que aparecieron en otras historias, las derrotas parciales, los triunfos a lo grande. Tema actual, si los hay, el de la guerra del petróleo, como lo llama Tintín al final del viaje. Tratado con agilidad, seriedad y comicidad por Hergé, van apareciendo poco a poco la problemática económica, los boicots, los jeques árabes, los camellos, los caballos y los jeeps, los comerciantes, las caravanas bajo la luna, las tormentas del desierto. El disparador, en esta ocasión, son los nunca astutos y bien ponderados Hernández y Fernández (Dupond y Dupont en francés, Thomson y Thompson en inglés), que tienen que sufrir explosiones en su auto y hasta en un encendedor a causa de un supuesto complot contra la industria del combustible. Obviamente, la curiosidad innata de Tintín lo llevará a meterse donde no lo llaman y, caracterizado como beduino, resolverá un misterio tras otro hasta llegar al fondo de la cuestión. Ninguna de las escenas de los investigadores de bigote, bastón y bombín tiene desperdicio, como tampoco la aparición de los inefables perros ángel y demonio que le dicen a Milú lo que tiene que hacer o los pensamientos del propio Milú, reservados exclusivamente a nosotros, ni la sorpresiva y nunca explicada irrupción de Haddock ya cerca del fin. Hoy que el precio del oro negro está por las nubes, un Tintín como este es oro en polvo.

64 páginas en el Tíbet

Hergé vuelve a dar cátedra de manejo de la narración en Tintín en el Tíbet. La historia empieza con Tintín bajando de una montaña, feliz, para enterarse apenas después, por una suerte de premonición, que su amigo Tchang sufrió un accidente de avión y quizás esté vivo en las escarpadas cumbres del Tíbet. Secundado por el olfato de Milú y los gruñidos del capitán Haddock, emprenderá la búsqueda de su oriental amigo entre monjes tibetanos que levitan o entran en trance, hombres de las nieves no tan abominables y nieves eternas. El paisaje es otra vez protagonista, con los fondos blancos y rocosos que van mostrando y ocultando las pistas que conducirán a este grupo al encuentro de aliados ocasionales y abandonos frecuentes. La foto del yeti, tesoro anhelado por todo aventurero que se precie de tal, será tomada accidentalmente por Tintín, aunque no se hable de ella después, en uno de esos huecos narrativos que tan bien sabe generar Hergé. Al final, como siempre, todo está donde debería estar, aunque nos falte algo. Ese es el sabor de la aventura, su verdadero gusto y su inacabable placer.

Tintín es nada más y nada menos que inteligente, divertida y aventurera. Es una de esas obras que sabe combinar lo “popular” y lo “culto”, lo íntimo y lo universal, lo infantil y lo adulto de una manera tan sencilla que hace que sus secuencias queden grabadas para siempre en el ojo y en el alma del que las lee. Redescubrir a Tintín es redescubrirse, en esa aventura que es leer, que es vivir.

Una reseña de la película de Tintín, haciendo clic aquí.

Hernán Martignone

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Historieta infantil y juvenil, Notas y reseñas y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Tintín, de Hergé – “Tintín en el país del oro negro” y “Tintín en el Tíbet”

  1. Pingback: Las aventuras de Tintín 3D – Crítica de la película | sobre historieta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s