¡Háganlo libro! – “Fedra”, de Maco – Historieta uruguaya

¿Quién no soñó alguna vez con hacer una historieta en la que aparentemente no pasaba nada? La historietista uruguaya Maco (María Concepción Algorta Figari, 1987) hizo realidad, en Fedra (todos los viernes en el sitio “Marche un cuadrito”), eso que podría parecer fácil de desarrollar en la cabeza pero que es infinitamente difícil de volcar en el papel. En Fedra, todo pasa y todo queda. Viajes en colectivo, esperas en la parada, desayunos, lectura de libros, limonadas, tiempos muertos en un negocio, más viajes en colectivo, cepillado de dientes, visitas a la abuela, charlas de ascensor, pequeños accidentes, bromas de hermanos, diálogos de amigos. Cotidianeidades. Hay un cierto costumbrismo, un realismo de fondo que se traduce siempre en un expresivismo puesto en primer plano, vehiculizado por un dibujo sencillamente espectacular, que se nos brinda en la mirada maravillada y maravillosa de (y puesta en) la joven Fedra y su hermanito Nino, traspasados ambos por la imaginación más desbordada y por una ternura bien humana. Y es también interesante el trabajo con algunos personajes secundarios y pasajeros (en el doble sentido de la palabra) que aparecen aquí y allá. 

A Maco le gusta jugar con la “forma” de la historieta, que es obviamente inseparable del “contenido”. La fragmentación de la página en viñetas que resisten el orden normal de lectura, en parte como en su primer libro Aloha, aunque de una manera distinta (y la página ya no es aquí cuadrada, sino rectangular), constituye uno de los modos que utiliza Maco para representar el fluir de lo real. Se genera ante sus páginas una percepción como de mosca, algo hecho de múltiples ojos que nos mira y que nos guía la mirada y nos la enreda, pero sin perderla. Todas sus páginas-laberinto tienen siempre un centro que puede estar en muchas partes al mismo tiempo. Esta última palabra no es casual: esos múltiples centros son también una manera de aproximarse a la representación del tiempo, de la simultaneidad.

Si lo pensamos con forma de libro, Fedra se vuelve indudablemente un libro-origami (y por qué no un libro-tsunami). A la influencia de Hergé y su Tintín hay que agregarle sin duda la del manga, la historieta japonesa (en ciertos guiños, en ciertos trazos), pero también la de cierto universo japonés entendido más ampliamente. El homenaje a “La gran ola de Kanagawa” de Hokusai es solo un ejemplo, como lo es el manejo de los silencios o el uso del origami, que a través de los pliegues de una hoja reproduce los pliegues de la realidad, o los pliegos de un libro (“pliegue” es una palabra de hondo contenido filosófico y barroco). Si el origami da forma a la hoja, Maco da forma a la página plegándola y desplegándola contra sus límites (los de la hoja, no los de Maco, que parece no tenerlos).

Y si el origami es una metáfora, en Fedra, del quehacer del historietista, a la vez aparecen otras metáforas gráficas tan significativas como esa: el tablero de ajedrez, el rompecabezas, el crucigrama (que combina lo gráfico con lo verbal). En esos tres “juegos” se suponen siempre movimientos no convencionales de “lectura” (en diagonal, en horizontal o en vertical), ciertos equívocos, pruebas, vueltas atrás, que reproducen y replican el ejercicio de lectura de las páginas de Fedra y también de la realidad: realidad que se sirve, en Fedra, de esos juegos para ser representada y que está mucho más allá de las concepciones clásicas del realismo.

El universo de Maco es el universo. La palabra “mate”, para cualquier uruguayo, remite a la infusión. Maco trasciende, en un chiste que no es tal, ese color local (verde mate oriental), llevándolo al ajedrez (blanco y negro universal, que es también el de su dibujo). Los personajes de Fedra, o de Maco, no toman mate: dan mate. A través de sus sutiles metáforas y reflexiones sobre la poética historietística (que se da además en menciones gráficas como las de Batman o Milú), se hace difícil no pensar en Borges, que también es capaz de emocionarnos y del que podríamos parafrasear su célebre soneto “Ajedrez”: “También el jugador es prisionero / (la sentencia es de Omar) de otro tablero [¿de dibujo?] / de negras noches y de blancos días”.

Como dice Fedra en una de las viñetas (donde define su carácter a la perfección), cuando leo a Maco “Tengo la sensación de que nunca me voy a aburrir”. Es por eso que Maco no tiene seguidores: crea constantemente admiradores incondicionales, fanáticos (también, como todos, algún que otro detractor). Como dije al principio, Maco hizo realidad… Hizo realidad. Y punto. Y es una realidad compleja y fantástica: sentida.

Para leer Fedra online, clic aquí. Para acceder a su blog, clic aquí. Para leer una reseña de Aloha, clic aquí.

Hernán Martignone

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