Entrevista a Gabriel Solano López – Guionista

Foto tomada de la ficha del 30 Saló del Còmic (Barcelona)

Foto tomada de la ficha del 30 Saló del Còmic (Barcelona)

A Gabriel Solano López le alcanzaría con una sola de sus historietas (Ana) para tener un lugar indiscutido en el parnaso de los guionistas argentinos. Ha escrito pocas, pero esas también son ejemplos y modelos de narración: Historias tristes y La guerra del Paraguay. Todas ellas convergen además en el dibujante, nada más y nada menos que su padre, el gran Francisco Solano López. Sobre estas cuestiones y otras charlamos con Gabriel.

Hernán Martignone: Contanos dónde y cuándo naciste.

Gabriel Solano López: Nací en Buenos Aires, en junio de 1957. Mi familia siempre tuvo predilección por los barrios de Belgrano y adyacentes. Durante mi militancia política (de la que no me siento nada orgulloso) alquilé una habitación en una pensión de Parque Patricios, cerca de la vieja cárcel de Caseros. Era la zona donde desarrollaba mi ¿actividad? política. Cuando supe que la policía me estaba buscando (porque allanaron y registraron la casa de mi familia, en el barrio de Núñez), mi madre me consiguió y pagó con mi padre una pensión en el Pasaje La Marea,  cerca de la Avenida Juan B. Justo, en un barrio cuyo nombre no recuerdo (y esto no tiene nada que ver con Don Quijote ni su olvidado lugar de La Mancha). Previamente mi padre me había ofrecido escapar a México, con la ayuda de algún conocido en la embajada. Mi compromiso con la clase obrera argentina y su revolución no me permitieron contemplar siquiera esa oferta como una opción. Preferí ser el militante más inútil de todas las revoluciones, subvencionado por su familia, que no tenía la culpa de nada y que tuvo que soportar un allanamiento muy humillante de su hogar. Pero, eso sí, mi heroísmo era de relato épico.

HM: ¿Cuándo te fuiste de la Argentina?

GSL: En mayo de 1977. En agosto de 1976 la policía interrumpió mi brillante carrera política. Mi padre me salvó la vida con uno de sus contactos y, después de unos pocos días en “cordina” (Coordinación de la Policía Federal, bautizada más tarde con el nombre de “Superintendencia de ídem; era uno de los centros de tortura más “populares” de aquella época. Sin embargo, yo no fui torturado. Tampoco me agasajaron. Pero no sufrí ninguna de las atrocidades que eran frecuentes en ese tiempo), me “legalizan” y experimento unos 9 meses sabáticos por algunas cárceles. Fue mi padre, otra vez mi padre, quien logra mi liberación bajo la promesa de alejarme de Argentina. De modo que, pasados esos 9 o 10 meses, mi viejo me saca del penal de La Plata y, en la fecha con que inicio esta larga y engorrosa respuesta, me mete en un avión y me lleva con él a Madrid. 

HM: ¿Cuánto hace que vivís en Alicante, España?

GSL: Hace unos 18 años, desde abril de 1996. Después de tropezar por Madrid y Asturias otros tantos.

HM: ¿A qué te dedicás actualmente?

GSL: Ahora soy empleado de la que era mi propia empresa (moda hippy o alternativa) arruinada y rescatada por uno de mis acreedores, a quien se la cedí a cambio del pago de algunas deudas y de mi actual puesto de trabajo.

bélicaHM: ¿Cómo llegan las historietas a tu vida?

GSL: Obviamente, conozco las historietas desde que era un lactante. Recuerdo mis visitas a los distintos estudios de trabajo de mi padre, casi siempre en la casa familiar. Veía trabajar a mi viejo con sus ayudantes, admiraba ese don del que yo estaba desposeído y Solano me contaba de qué trataban las distintas historias que estaba dibujando. Y lo mejor de todo, me contaba cómo continuarían las historias que ni siquiera se habían empezado a dibujar. Me sentía dueño de una información realmente privilegiada.

HM: ¿Qué leías?

GSL: Leí centenares de las revistas que entonces se conocían como “las mexicanas”. Mis preferidas eran las de Superman. Estaba obsesionado con él. Me fascinaban los capítulos en los que participaba la legión de Superhéroes. Brainiac, Saturna, Astro y otros prodigios.

HM: ¿Y ya de más grande? ¿Libros, películas que te hayan marcado?

GSL: Durante mi adolescencia mi anhelo era llegar a escribir como García Márquez. Cien años de Soledad me dejó abrumado y perplejo, como ante un descubrimiento que en ese momento no atinás a definir. Desde ese momento no he dejado de leer. “La Strada” es el primer título que me viene a la memoria al pensar en el cine. A partir de esos dos momentos, la lista resulta interminable. Pero el verdadero punto de inflexión intelectual me llega cuando empecé a estudiar filosofía, en Madrid. Descubrí que estaba cegado por todo tipo de prejuicios, que casi todo lo que aceptaba como certezas no era más que metafísica sin fundamento o pura falsedad.

HM: ¿Ahora leés historieta?

GSL: No.

HM: ¿Estás enganchado en esta fiebre de los últimos años con las series de televisión? ¿Una o algunas en particular? 

GSL: Sólo  veo dibujos animados con mi hijo de diez años. Me gustan Bob Esponja y Phineas y Ferb. Sí veo algún programa de tertulia y análisis político en internet, mientras preparo la cena. No veo ninguna serie desde hace unos tres años. Me entretenían, pero no podía seguirlas.

tristesHM: ¿Cómo fue que empezaste a escribir guiones? ¿Los argumentos de tus guiones tienen un momento previo como cuentos, obras de teatro, etc.?

GSL: Las Historias tristes (título decidido por mi padre, dada mi incapacidad para encontrar alguno presentable) se escribieron como cuentos. Mi padre seleccionó los textos que se incluirían en las viñetas. No tenía aún 20 años cuando empecé con ellas. Es quizás un atenuante. Todo lo demás, excepto mis colaboraciones con Sampayo, lo escribí directamente con estructura de guión. La ayuda de Ricardo Barreiro en ese sentido fue muy importante.

HM: ¿Qué cosas (sensaciones, enseñanzas) te dejó tu experiencia como guionista?

GSL: La verdad es que me sentí bastante cómodo escribiendo guiones de historieta. Es un género riquísimo en posibilidades de recursos técnicos: te permite distintos niveles de lenguaje. Diálogos, fragmentos de relato convencional en primera, segunda o tercera persona, voces en off (como las estrofas del poema en La Guerra del Paraguay), diálogos entre esos mismos niveles (personajes respondiendo al texto  descriptivo y viceversa), saltos espaciotemporales abruptos que ayudan al guionista en la síntesis de determinadas situaciones… además de la descripción de la viñeta y su organización para la estructura de página que uno pretende.

solano boxHM: ¿Cómo era el trabajo con tu papá, desde el punto de vista artístico?

GSL: Cada uno por su lado. Le daba a mi padre el capítulo terminado. Él se ponía a trabajar y jamás me vi en la necesidad de hacer objeciones. Su realización gráfica de mis ideas superaba en expresividad lo que yo había imaginado. Él sí me dejó caer alguna crítica que no me costó nada aceptar. Eran indiscutibles.

HM: ¿Escribiste cuentos, novelas?

GSL: Escribí dos o tres cuentos infantiles para un personaje muy simpático creado por Juan Acosta, Footy. No recuerdo el nombre de la editorial de Madrid. La verdad es que prefiero pasar página en ese asunto. Cuando escribí esos cuentos no tenía hijos, ni idea de por dónde va el pensamiento de los niños.

Eternauta IIHM: Tu nacimiento coincide con el año de publicación de la historieta El Eternauta. ¿Qué opinás de la historieta original? ¿Y de la segunda parte, también dibujada por tu papá?

GSL: Sabía que existía desde que tengo uso de razón. Pero no pude leerla hasta que Scutti publicó el primer álbum que yo recuerde, durante mi adolescencia. ¿Qué se puede decir de un clásico entre los clásicos? La historia y la prosa de Oesterheld me resultaron cautivantes, como casi toda su obra. Los dibujos de mi viejo me deslizaban por ella en una simbiosis perfecta de la que, en ese momento, no era consciente. A la segunda parte también pude acceder mucho más tarde de su creación y publicación, ya en mi madurez. Conocía desde su génesis el trasfondo ideológico que había condicionado su creación. Sin embargo, a mí me pareció de una excelente calidad literaria.

HM: ¿Qué autores (guionistas, directores de cine, escritores) sentís como influencias o te interesan por algo en particular?

GSL: Platón, Hume, Kant, Wittgenstein, en la historia del pensamiento. A las preguntas básicas que las personas se hacen a sí mismas y al universo entero, ofrecen las respuestas más brillantes y agudas aunque no se pongan de acuerdo. Vas descubriendo con ellos que muchas de esas preguntas no tienen respuesta, o no tienen sentido, o están mal planteadas.

De Borges me sorprendió su manera de observar el mundo corriente, al que transforma en muy extraño con el hecho mismo de su observación. Con Proust pude disfrutar del la sintaxis más perfecta en su complejidad que he conocido. Observa y describe la sociedad de su tiempo con un humor muy sutil y crítico, pero con un cariño que, imperceptiblemente, te hace compartir. Vargas Llosa, García Márquez (mi inductor a la lectura), Orwell,  Cortázar, John Fowles, Malcom Lowry, Philip Roth…. La lista será siempre escasa y anárquica, como mi mismo hábito de leer. Y en directores de cine la verdad es que prefiero a los norteamericanos o europeos  que trabajaron en Estados Unidos: Desde Lubitsch hasta Scorsese pasando por Billy Wilder y Woody Allen.

Y en guionistas de historieta, me quedo con mis maestros argentinos: Oesterheld, Samapayo y Barreiro.

evaristoHM: Colaboraste con Carlos Sampayo. ¿Cómo fue esa experiencia?

GSL: Tengo un recuerdo muy grato de esa colaboración, en la que participó Jorge Schiaffino en las ilustraciones. Carlos escribía un guión muy básico para historieta que yo debía desarrollar en forma de relato. El protagonista era un detective privado muy peculiar, empleado de una importante agencia de investigaciones. Me gustó el proyecto, nostálgico de ciertas ediciones populares que combinaban historieta con relatos de aventuras. Lo publicó la Editorial Bruguera, que cerró en mitad del proyecto. Espero no haber tenido la culpa. A pesar del poco contacto que hemos tenido, considero a Sampayo un maestro. Su misma presencia me inspiraba un respeto reverencial. Con un par de comentarios o críticas veladas, me llevaba a descubrir dónde estaba patinando o por dónde podía mejorar. Es, probablemente, el profesional más sabio y culto del mundo de la historieta.

HM: También hiciste unas historias cortas para el dibujante español Federico del Barrio. Contanos un poco sobre eso.

GSL: Un tipo excelente con el que he perdido todo contacto. Trabajamos en algunas historias de ciencia ficción, mucho más ficción que ciencia. También llegamos a empezar un par de proyectos que quedaron a medio camino. Una lástima, porque de todos mis trabajos, aquéllos me inspiran una crítica menos severa. Quizás porque no tuve oportunidad de releerlos.

anaHM: Ana es de fines de los setenta (se publicó como libro, en la Argentina, en 2005 por editorial Deux). Es una de las historietas  más logradas de la historieta argentina, y también una de las más duras, de las más profundas. ¿Cómo surge esa historia tan difícil?

GSL: Si no recuerdo mal, es de principios de los ’80. Te agradezco (muchísimo) el elogio. Y estoy dispuesto a reconocer que tiene un par de aciertos formales. Es verdad que puede resultar dura, pero en más de una ocasión la encuentro de una dureza innecesaria. Muchos me censuran una actitud excesivamente crítica con mi propio trabajo. Pero lo comparo con la grandiosidad del de Solano, profesional hasta en el más pequeño trazo,  en el  largo tiempo dedicado a lograr un resultado tan perfecto… Creo que su amor paternal y su confianza en mí ponen en cuestión su fama de hombre sensato.

En cuanto a la historia,  supe cómo empezarla pero tuve muchas dificultades para continuarla y darle fin. Comencé a escribirla durante el segundo año en la Facultad de Filosofía. Estaba fascinado con esa manera de la filosofía de responder a las preguntas con otras preguntas, o con condicionales cuya premisa se desconoce, con el descubrimiento de la duda como elemento de inquietud en las personas pero tan constructiva, por otro lado, en el progreso del conocimiento. Ana es el reflejo de todas esas dudas con las que me reconciliaba pero que me podían perder. Pero la historia está impregnada por un estilo pretencioso que me pone de muy mal humor

HM: ¿Cómo construiste un personaje femenino tan fuerte? ¿Por qué decidiste que fuera mujer?

GSL: Mi relación con las mujeres es una historia de fracasos bastante sórdidos. Despojado de toda capacidad para captar eso que llaman “psicología femenina”, la elección de una mujer como protagonista puede considerarse como un intento de acceder a sus misterios. Era una época de eclosión del feminismo, en la que a los hombres se nos hacía caer la culpa de nuestros ancestros. Queda mucho de eso, hipertrofiado, en lo que llaman “ideología  o perspectiva de género”. También supone una aceptación vehemente de la igualdad. Las dudas básicas que atormentan a las personas son las mismas en hombres y mujeres.

anaHM: El de Ana es un guión complejo, con referencias literarias, históricas, cinematográficas. ¿Cómo lo trabajaste?

GSL: Tengo que confesar que no había ningún plan o proyecto definido. Sólo el esbozo de un personaje en un determinado entorno espaciotemporal. Sentí auténtico vértigo ante el compromiso de darle continuidad hasta las 90 o 100 páginas. No sé si se ha tratado de una simple sucesión de vómitos o la resolución de las situaciones en que se veían envueltos los personajes. Ana no me resultaba nada simpática ni se esforzaba por parecerlo. No era lo que se dice una “buena persona”, más allá de sus intenciones. Tampoco puedo aceptar que, como la Bovary de Flaubert, Ana sea yo. Más bien me resisto a creerlo. Pero sí he disfrutado con la utilización de aquellos recursos técnicos que mencionaba más arriba. Tenía la sensación de estar innovando.

HM: Historias tristes reúne cinco historietas breves que tienen un tono similar, por lo duro, al de Ana. ¿Qué recuerdos tenés de esas historias?

GSL: Son los experimentos de un novato absoluto. Sintaxis chirriante, exceso de adjetivos y otras vergüenzas con las que nunca seré lo suficientemente crítico. La dureza también parecía algo impostada en un muchacho de 20 años. Pero la historia de los fracasos y los perdedores siempre ejerció y aún ejerce una gran fascinación en mis preferencias literarias. En este sentido la obra de Roberto Arlt surge como fuente de inspiración. Pero hay muchos más.

guerraHM: En 2010 la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) publicó las veinte páginas de la historieta La guerra del Paraguay, sobre aquel tremendo hecho histórico. ¿Cómo surge?

GSL: Un viejo sueño de mi padre que yo compartía pero, simultáneamente al nacimiento de esta historia, mi opinión sobre el Mariscal sufrió transformaciones radicales. Lo que empezó como un intento de reivindicación y panegírico de nuestro antepasado dejó paso, en mi pensamiento, a una visión más amarga y nada épica de esa tragedia. Las circunstancias de la muerte del Mariscal las veo más próximas a lo patológico y aberrante que a lo heroico. El exterminio de cientos de miles  de paraguayos pobres no lo puedo justificar por una idea tan difusa y opinable como la del patriotismo.

HM: ¿Planeaban que fuera más larga?

GSL: Sí, la idea original era abarcar todo el transcurso de la Guerra de la Triple Alianza.

HM: ¿Hiciste con tu papá alguna otra historieta, editada o inédita, además de esas tres?

GSL: Este año, 01Edizioni (no recuerdo si el nombre de la editorial es exactamente ese) publicó en castellano,  junto con Ana e Historias Tristes, una historia suelta de pocas páginas titulada “El Regreso”. Intentaba imaginar una humanidad enfrentada al fin de la expansión del universo que se inició con el Big Bang. Además de haber resuelto el tema con mucha torpeza, la misma idea central ha quedado obsoleta con  el descubrimiento de la “energía oscura” que niega que eso se vaya a producir.

HM: Sasturain una vez dijo: “La épica es el fondo, pero lo que Gabriel cuenta siempre es la traición, la militancia, la patria, las contradicciones, las grandes causas y los pequeños hombres”. ¿Qué opinás?

GSL: Que estoy de acuerdo. Las grandes causas han cambiado en la historia de un extremo a otro. Las miserias humanas, sin embargo, no han variado, al menos desde que disponemos de testimonios escritos. Y antes de ellos no creo que las cosas hayan sido de otra manera. Esa repetición crónica de las expresiones de nuestras taras, además de producirme pasmo y frustración, me parece más unida al origen de la creación artística. Me interesan los individuos. La conciencia siempre es individual. El bien y el mal nacen y se desarrollan en ella.

salóHM: Estuviste invitado al 30 Saló Internacional del Còmic de Barcelona (2012). ¿Qué actividades realizaste?

GSL: Me invitó el editor de la última publicación de Ana a la que acabo de referirme, Antonio Scuzzarella, propietario de 01edizioni. Un hombre de educación exquisita, editor vocacional y trabajador incansable. Firmé algunos ejemplares, abrumado por la vergüenza, y participé en una charla sobre la obra de mi padre, acompañado por Enrique Breccia, un hombre sabio y humilde además de enorme profesional. Guardo un recuerdo muy agradable de él.

HM: En la presentación que hacen en el Saló, dicen que hace unos veinticinco años que no escribís y que no te reconocés en lo publicado. ¿Tenés pensado volver a escribir historietas? Si lo hicieras, ¿te gustaría escribir sobre algo en especial, algún tema, algún personaje?

GSL: Mi vida actual (un auténtico desastre) no me permite abordar ningún proyecto más que el de sobrevivir. Pero el virus literario permanece en mí, latente y solapado. En esos 25 años a los que te referías dejé varias historias inconclusas. He perdido el rastro de todas ellas. Si tuviera tiempo me interesaría escribir historias de personas relacionadas, de algún modo u otro, con el terrorismo. Asumir la perspectiva del asesino y sus siempre falsas razones. Y, sobre todo, meterme en la piel de la víctima. Los argentinos recordamos con mucho sentimiento el terrorismo de estado. Las víctimas de la otra parte han sido sistemáticamente olvidadas. Lo intentaría como una especie de homenaje a todas ellas, las que lo son y las que, por puro azar, no he llegado a producir. Una mera expresión de arrepentimiento.

HM: ¿Tenés pensado volver a la Argentina?

GSL: En 35 años he visitado Argentina sólo tres veces, la última en 1994. Tengo allí muchos familiares a los que quiero. Pero Argentina es un país que me da miedo. Aunque si no viajo a Argentina ni a ninguna otra parte es porque estoy arruinado.

HM: Muchísimas gracias.

Para leer una reseña de Historias tristes, clic aquí. Para una reseña de Ana, clic aquí.

Entrevista realizada por Hernán Martignone

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