“La burbuja de Bertold”, de Agrimbau e Ippóliti (Historieteca) – Por María Eugenia Olazarri

laburbujadebertoldApocalípticos e integrados

Por María Eugenia Olazarri

Bertold Boro está sentenciado a perder todos sus miembros. Un castigo frecuente en Butania. Y él lo acepta antes de pronunciar palabras que no quiere ni puede decir. Es ahí, apenas comenzada la historia, donde el protagonista se perfila con los rasgos del héroe. Un héroe que recuerda en su discurso, actos y  gestos el teatro épico de Bertolt Brecht.

Y, claro, la historieta debía comenzar entonces con un epígrafe del poeta alemán.  Es que  Diego Agrimabau y Gabriel Ippóliti recorren sus ideas fundamentales. No solo evocando su nombre en el título, sino dándole al protagonista  sus iniciales: BB.  Por supuesto, nada puede ser más atractivo para quienes amamos la literatura que esa referencia, que nos lleva a indagar dentro de la historia, a querer ver de qué forma se resuelven los principios brechtianos en esta nueva estructura. 

 Y, sí, es cierto:  hay mucha intertextuatlidad en La burbuja… Por un lado, los principios estéticos del dramaturgo definiendo las acciones de los personajes principales; por otro, la presencia de  la tradición literaria del género de ciencia-ficción. Veamos: la acción transcurre en una ciudad futurista y pesadillesca de la Patagonia, Butania, cuyo nombre remite a una burbuja de gas butano que da energía al lugar.  En ella, rige un gobierno totalitario, tal como ocurre en algunas novelas paradigmáticas como 1984; Un mundo feliz o Farenheit 451. Todos sus habitantes son títeres de la Intendencia. Responden a un único pensamiento. Pero hay quienes se sublevan- como ocurre también con Montag en la obra de Bradbury o con Smith en la de Orwell. Acá, Bertold Boro alza su voz contra el sistema y es condenado a una vida indigna, fuera de esa otra burbuja que es la sociedad en la que vive. Despojado de todo lo que era, es “rescatado” por Froilán, el dueño de un teatro de marionetas vivientes. Es ahí, cuando Bertold confirma su condición heroica.

BERTOLD39Designado como actor central en la obra de Froilán, el protagonista accede al poder del discurso para movilizar a la masa dormida. Genera, en el escenario, lo que en la poética de Brecht se conoce con el nombre de “distanciamiento”. Bertold actúa sobre las conciencias de los espectadores haciéndoles notar que lo representado es una ilusión. Es decir, plantea una búsqueda del quiebre de la ilusión escénica. Quiebre necesario para el despertar social. Quiebre que le permite la denuncia. La obra creada por el director se llama “Leche de la madre” y es una metáfora clara de la burbuja de gas metano que “nutre” a la ciudad. La representación surge como un sacrificio hacia esa madre (figura que también nos remite a Brecht, obviamente) y transforma a Froilán en una pieza más dentro del mecanismo de esa sociedad contra la que el protagonista se rebela. Entonces, la improvisación. El salirse del discurso pautado. El poder del actor a través de la palabra que renueva el mensaje y logra la reacción del espectador. Así, otro tópico que aparece en La burbuja…, la representación dentro de la representación, que aclara y refuerza el homenaje de los autores.

Es comprensible que La burbuja… haya sido premiada como mejor BD en el Festival de Ciencia Ficción Utopiales, en Francia (2005) o que haya recibido el Palmarés 2006 du Prix lycéen de la band desineé, en el festival de Colomiers. Sí, es muy comprensible, porque rescata lo mejor del género e introduce una relectura de los clásicos de manera natural, casi espontánea. Y porque nos da una lectura, también, apocalíptica de una Argentina futura. Una Argentina que quizá, algún día, sea como la Burbuja de Bertold.

La editorial Historieteca ha publicado también en la Argentina la “continuación” de La burbuja…, siempre a cargo de Agrimbau-Ippóliti: El gran lienzo. Para leer otra reseña sobre La burbuja, haciendo clic aquí.

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7 respuestas a “La burbuja de Bertold”, de Agrimbau e Ippóliti (Historieteca) – Por María Eugenia Olazarri

  1. Por fin una crítica bien hecha, no sólo de ésta obra, sino de historietas en general. Algo muy difícil de lograr, al parecer, para los críticos oficiales del medio que se centran en contar lo que pasa en la historia en lugar de analizar lo que se cuenta.
    Pero bueno, tenemos una historieta de cabotaje, los críticos no podrían ser de otro modo.

    Muy buen trabajo el de Maria Eugenia.

    Saludos,

    J.

  2. oenlao dijo:

    el final revolucionario es lo mas flojo

  3. el_bru dijo:

    Está bueno esto, sí. La intertextualidad está tan en la piel de la historieta que es una buena entrada. Habría que averiguar si hay algo de eso en los maquillajes que los personajes usan para actuar: me da la sensación, no se por qué, de que eso también entra en la red de resoncias.
    Keep it up!

  4. El final revolucionario tal vez parezca medio pelo porque estamos acostumbrados a los finales épicos de las historietas yanquis, pero como en Reparador de Sueños, pasa lo que puede pasar con los personajes que tiene la historia, si pasaba otra cosa iba a sonar demasiado artificial.

    J.

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