“El Eternauta” de Oesterheld y Alberto Breccia en la revista Gente (1969)

eternautaEl eterno retorno

Volver a leer El Eternauta. La sentencia parece imperativa (y quizás debería serlo), pero es apenas una comprobación. El Eternauta, como se dice de los grandes clásicos, siempre se lee por segunda vez, aunque jamás se la haya leído previamente o aunque uno se niegue a releerla. Volver a leer El Eternauta, diría Carlos Trillo (o José Pablo Feinmann), es una grata obligación y una solemne costumbre de cada generación. Obras que no pasan (como La vuelta de Martín Fierro o el tango “Volver”), promesas pasadas (como “Luche y vuelve” o “Volveré y seré millones”), frases al pasar (como “Volvé, te perdonamos”) determinan que volver sea el más argentino de los verbos: ansias, anhelos y nostalgias están presentes en él. Volver a leer El Eternauta, entonces, o mejor todavía, volver al Eternauta, que no se cansa de volver.

En el año 1969, siete antes de la “montonera” y excelente segunda parte de su obra cumbre, Oesterheld mismo -acompañado por el bestial y siempre cambiante Alberto Breccia- volvió a su Eternauta para reescribirlo en clave ultrapolítica y publicarlo, aunque usted no lo crea, en la revista Gente (hoy se consigue por la editorial Colihue junto con una serie de historias breves de la misma dupla).  Sin duda, estar en ese medio fue una de las aventuras más duras y más amargas que le tocó vivir al Eternauta (le debe haber causado una terrible impresión). Como le pasaría más tarde a su autor, la historieta vio el fin antes de tiempo y debió condensarse hasta adoptar la forma, y no sólo el contenido, de una suerte de manifiesto o panfleto político (similar por momentos al de la Vida del Che, del año anterior, aunque con un dibujo bastante más jugado y gris, aunque con fuertes contrastes también entre el blanco y el negro). 

eternauta págLa ya clásica reflexión final del guionista, con pregunta retórica incluida (“¡Lo que el Eternauta me contó… sucederá de aquí a dos años! Todo ese espanto, toda esa muerte… ¿Será posible evitarlos publicando todo lo que el Eternauta me contó? ¿Será posible?”), cobra un irónico valor cuando pensamos que fue la propia revista, que había aceptado la publicación, la que la interrumpió de modo arbitrario (arguyendo que el dibujo era difícil de entender, aunque seguramente la cancelación venía más bien por el lado del guión) y evitó que se hiciera público “todo lo que el Eternauta contó”. A veces me parece que hay que leer esta segunda versión como si fuera justamente la que el guionista pensaba escribir para dar a conocer la invasión al mundo, en cincuenta paginitas contundentes.

eternauta pág últimaEse último cuadro de la historieta, con una partida de truco que comienza, nos remite a la del principio de la historia, que se interrumpe por la nevada mortal y que es cronológicamente posterior. En esta estructura circular, que todos asocian con los cuentos de Borges (de quien Oesterheld era fanático), el elemento fundamental lo constituye el truco. Esta idea de juego como reiteración -como lo es, para los personajes, la reunión semanal para truquear- viene en realidad de un poema borgeano, titulado precisamente “El truco”: “y como las alternativas del juego / se repiten y se repiten, / los jugadores de esta noche / copian antiguas bazas”. Tampoco parece casual que esta composición pertenezca al libro Fervor de Buenos Aires: El Eternauta refleja, como ninguna otra obra, una fervorosa visión de la ciudad. Borges participará años después de otra partida historietística de truco, reescritura de ésta, en Perramus (de Juan Sasturain y el propio Alberto Breccia), donde una Buenos Aires transfigurada borgeanamente hasta en su nombre se verá de nuevo en peligro.

El azar de la combinación de las cartas parecería quedar abolido, entonces, por la repetición incesante del juego, pero más tarde hará su regreso triunfal al centro de la historia: Juan Salvo se calzará el traje aislante sólo después de haber vencido a sus amigos tirando los dados: alea iacta est. Pero Oesterheld no juega a los dados con sus personajes o, mejor aún, un golpe de dados no podrá abolir nunca el destino: la Aventura esperaba a Juan desde el comienzo, la Aventura quería verlo convertido en el Eternauta. En la segunda o tercera viñeta, el Oesterheld personaje dice: “Escribía lo de siempre, un guión de historietas. Una aventura en el Pacífico Sur, tesoros encontrados y perdidos entre algas y corales y hombres duros, y una amistad hasta la muerte, y una muchacha de ojos color para siempre”. Como al personaje cortazariano de “Continuidad de los parques”, la aventura lejana se le impone, por medio del arte, y se vuelve real.

eternauta pág otraPese al carácter segundo de este Eternauta, para apreciarlo no se necesita, realmente, conocer la versión original, de Oesterheld y Solano López. Los dibujos de ambas no compiten porque pertenecen a dos mundos distintos (la tradición aventurera en grado superlativo y el experimentalismo más drástico, con collage y una extraña figuración). Tampoco los guiones admiten la comparación, por las diversas condiciones materiales en las que fueron escritos y por los dibujos que los acompañan, que indefectiblemente los modifican. Por eso voy a mencionar sólo dos cambios argumentales de una historieta a otra. El primero es la inclusión de un nuevo personaje femenino, Susana, una joven que aparece en lugar de Pablo, el chico de la ferretería. En unas pocas escenas memorables y terribles ella encarna el deseo en medio de la masacre, de la destrucción: no solo el deseo que sienten Lucas y Favalli, sino también el de Juan Salvo. Es el deseo de la vida que sigue pese a todo y que en la primera versión se metaforizaba, con mayor inocencia o ternura, en unos pollitos que sobrevivían a la nevada. El segundo y más divulgado es el que condena a las grandes potencias por entregar Sudamérica al invasor para salvarse, o sea, el aspecto ideológico explicitado. Sin embargo, yo creo que lo que marca ese pasaje de manera más fuerte no está en ese detalle argumental, por lo demás logrado: lo que lo señala a gritos ese cambio es el paso del tuteo al voseo, a la forma de hablar que nos identifica como habitantes del sur geográfico y político (la ausencia de la interjección “che” no debe parecer un olvido o una concesión).

Si lo peor que le pudo pasar a América Latina fue ser vendida al invasor por las potencias mundiales, lo más terrible que le podría suceder al Eternauta sería que lo vendieran a Hollywood y perder toda su fuerza rebelde, transformado como aventura en una especie de Guerra de los mundos o como personaje en superhéroe pochoclero de segunda línea.

Hernán Martignone

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4 respuestas a “El Eternauta” de Oesterheld y Alberto Breccia en la revista Gente (1969)

  1. Pingback: Historietas breves de Héctor Germán Oesterheld y Alberto Breccia | sobre historieta

  2. Marbot dijo:

    Por el título pensé que Gente la estaba republicando! 😛

  3. Pingback: Bienvenidos a la historieta (4) – El Eternauta, de Oesterheld y Solano López | sobre historieta

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