Reseña de “Asterios Polyp”, de David Mazzucchelli – sins entido (España)

asterios polypAsterios Polyp (David Mazzucchelli)

We are all in the gutter, but some of us are looking at the stars.

Oscar Wilde, Lady Windermere’s Fan

Asterios Polyp (publicada en España por sins entido, en una magnífica edición, en 2010), novela gráfica de David Mazzucchelli (dibujante de Batman: Year One y Daredevil: Born Again, entre otras), ha sido definida por diversos críticos como una obra maestra o como una obra maestra fallida. Indudablemente el autor ha volcado ahí una parte importante de obsesiones, de preocupaciones formales, de técnicas narrativas y, sobre todo, de amor por la historieta. Podrá gustar más o menos, pero lo primero que hay que decir es que Mazzucchelli construye una historia que atrapa, personajes profundos (protagonistas y secundarios) que conmueven, resonancias complejas y sutiles que invitan a la relectura, que se cuidan muy bien de cerrar el sentido. Intuyo que parte de las críticas a la obra provienen del lado de lo “cerebral”, ya que no hay en ella nada librado al azar (esa “secreta y rígida medida” de la que habla Borges): ni la tipografía que varía de un personaje a otro, ni la forma de las viñetas o de los globos, ni el uso de los espacios en blanco, ni algún objeto o conversación que parece trivial y que se vuelve a hacer presente con prepotencia. No es casual que Asterios sea un arquitecto de 50 años dedicado a la docencia, más bien un teórico de la arquitectura, es decir, de la construcción de espacios imaginados (o de la imaginación) y su conflictiva relación con la realidad: dicho en pocas palabras, un artista. Y el artista, como el héroe, se construye sobre la base de aparentemente azarosos (des)encuentros y de decisiones íntimas. Su escepticismo respecto de la astrología será a la vez una ironía trágica y una demostración de carácter. 

asterios 1El comienzo no puede ser mejor, más “auspicioso”, artísticamente hablando: en una secuencia casi muda el protagonista lo pierde casi todo a causa de un rayo que destruye su casa, y entonces una voz narradora señala borgeanamente que ese es el momento que elegiría para comenzar a contar la historia de Asterios “si me fuera posible contar esta historia”. Esa primera acción de la naturaleza puede parecer designio divino y sin duda lo es: parece representar el rayo de Zeus, que destruye y al mismo tiempo sacraliza todo lo que toca. Y esa es la primera de una larga serie de referencias al mundo griego: el Banquete de Platón, el mito de Orfeo y de Dédalo e Ícaro, Odiseo y las sirenas, el Partenón (y la odiseica universidad de Ithaca en la que enseña Asterios). Asterios tiene, además, la fisonomía de un griego, y un nombre y un apellido “parlantes” de origen helénico: uno remite al plano de lo celeste, a los astros; el otro, a las profundidades del mar, al pulpo. Y ambos, a muchas cosas más.

asterios 2Se ha dicho también que el centro de la obra es la dualidad: la relación de Asterios con su hermano gemelo muerto, “el otro”, y con su mujer, Hana, “el otro” femenino (su yin, pero también su yang –para establecer un paralelo gráfico con el tema-, y su aristofánica mitad perdida). Hay otras dualidades, en esas relaciones y en otros tramos (en otras tramas) de la obra, como lo lineal y lo circular, lo apolíneo y lo dionisíaco, Occidente y Oriente (que se hace carne en su mujer, escultora y fémina inolvidable del noveno arte, una verdadera flor de origami y un homenaje al manga en más de un momento). Todas las experimentaciones y propuestas de Mazzucchelli, que son muchas y afectan distintos recursos y mecanismos, están siempre al servicio de la historia que quiere contar y mostrar (porque son parte de la historia que quiere contar y mostrar): la puesta en página, las técnicas de dibujo, los saltos temporales, las secuencias oníricas, especialmente el manejo del color: cada capítulo tiene una paleta que lo identifica, que lo define, que lo pone en relación con el conjunto.

asterios 3La historieta de Mazzucchelli tiene fuertes toques austerianos, y también un estilo y un tono austerianos, que se funden en el momento del cambio repentino de una vida, en ese golpe de timón o de fortuna o de carácter que hace que uno se vuelva otro, central en la poética del novelista norteamericano, y que rescata dramáticamente ese sueño americano del self-made man. Y también del unmade man, como es bien claro en la adaptación que hizo de la novela de Auster La ciudad de cristal (Anagrama, con guión de Paul Karasik), una lección de traspaso de la literatura a la historieta. Esa influencia o tradición “a la Auster” puede apreciarse a la vez en su interés por “lo norteamericano” en general (una suerte de road-movie espiritual, un descenso al Hades contemporáneo e intemporal) y por la vida y la visión del artista norteamericano en particular.

El final de Asterios Polyp nos devuelve al principio del relato, pero también al centro, trazando una línea recta y una curva, fiel a su desarrollo zigzagueante y directo. Se trata de una obra necesaria, importante, pero sobre todo de una hermosa histori(et)a.

 Hernán Martignone

Un agradecimiento especial para el dibujante Diego Rey, que me recomendó y me prestó el libro.

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