Reseña de “Los clásicos según Fontanarrosa”, de Roberto Fontanarrosa – Editorial Planeta (2013)

clásicosFontanarrosa superclásico

A partir del título Los clásicos según Fontanarrosa (Ediciones de la Flor, 1999; Editorial Planeta, 2013), uno bien podría esperar un libro hilarante y barrial sobre River-Boca, Independiente-Racing, Banfield-Lanús, pero algo muy diferente lo aguarda en las páginas de este volumen: un recorrido hilarante y universal por las obras clave de la literatura, adaptadas a historieta por el genial e inmortal Roberto Fontanarrosa (1944-2007).

Si tenemos en cuenta la definición borgeana, “clásico es aquel libro que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término”. Contra esta demarcación y gracias a ella parecería estar escribiendo y dibujando Fontanarrosa seguramente el mejor alumno de Borges, el que más captó el humor borgeano y pudo tomar (sin copiar) algunas líneas de su estilo y de su forma de hacer ficción. Y justamente juega a alterar aquello que de fatal (y serio) tienen los clásicos y, por medio de su parodia-homenaje, aporta al mismo tiempo una nueva visión de estos frecuentadísimos textos, que otra vez pueden decir algo de todo aquello que tienen para decir.

El canon accidental

clásicos 1La Ilíada y la Odisea, Ivanhoe, Alí Babá, Otelo, Don Quijote (presentado con una vuelta de tuerca maravillosa), Piel de Asno, Moby Dick y La cabaña del Tío Tom (tal vez, junto con la Ilíada y la Odisea, el mejor de la colección por su inteligente manejo del tema del racismo) son algunas de las ficciones recreadas por el humorista rosarino. Por su parte, el título de la compilación alude, con herético desparpajo, a otro gran clásico al que el autor no intenta acercarse: la Biblia (y en particular los evangelios). Ausente se halla también la literatura argentina, con su Martín Fierro, aunque este debe ser buscado en la primera página de su Inodoro Pereyra, breve y perfecta reescritura del clásico de Hernández. Lo que es bien argentino es el punto de vista, una lectura bien situada por estos lares. Sin posibilidades, pues, de ser exhaustiva, la selección es ajustada y para todos los gustos si bien, como cualquier otro, su canon es arbitrario y significante y nos confirma el ámbito en el que mejor se mueve el arte del artista: la parodia. Recordemos que sus tres grandes personajes –Inodoro Pereyra, Boogie el Aceitoso y Sperman- son representaciones paródicas de tres géneros “menores” y populares del XIX y del XX: la gauchesca, el policial negro y la historieta, respectivamente (Inodoro fue desplazando con el tiempo su mirada a temas candentes de la actualidad patria, aunque conservando su dicción y su ideología gauchas). Sátira y parodia se cruzan también en otra de sus obras fundamentales, Semblanzas deportivas. Como Borges, Fontanarrosa ha sabido contar, en esos mapas de sueños y realidades que son las historietas, las tensiones entre lo nacional y lo extranjero, entre lo serio y lo cómico, entre lo “culto” y lo “popular” (no solo como literato e historietista, sino también como colaborador creativo de Les Luthiers). Y, claro está, entre la palabra y el dibujo, en los que sobrepasó los límites de la expresividad. 

clásicos 2Publicadas en libro originalmente en 1980, estas historietas -como los clásicos mismos o los buenos vinos- mejoran con el paso del tiempo y agregan nuevos significados a sus viñetas y ganan en actualidad. Además, nos permiten volver a ver el estilo de dibujo en puro blanco y negro que Fontanarrosa tenía por aquellos años, con su trazo más fino y en apariencia más desprolijo y su puesta en página tan audaz: cuadros desenmarcados, planos generales y planos detalle alternándose a la perfección, diálogos sin globos, pequeños pasajes narrados que en su última etapa se perdieron, en parte porque se trasladaron a su impresionante obra literaria, en parte porque su humor se volvió puramente (en sentido cuantitativo y cualitativo) dialógico.

Fontanarrosa, un clásico de la sutileza, despliega una impresionante batería de recursos para representar lo conocido: los juegos de palabras y de nombres, que son ya clásicos en sí mismos (“Ya que nosotras transmitimos la rabia -dicen las ratas al flautista de Hamelín-, bien podemos transmitirte un festival”, “Domingo era un pigmeo caníbal. Lo bauticé Domingo porque era de inactividad total”, en Robinson Crusoe), las alusiones intertextuales (“Minerva canta en Argos como ninguna”), el anacronismo (el tesoro de Alí Babá son barriles de petróleo y la CIA cumple un papel estelar en la aventura), el contraste por cambio abrupto de registro hoy “políticamente incorrecto” (cuando Ulises se hace atar al palo mayor para no sucumbir al encanto de las sirenas, estas le gritan: “¡Ulises maricón! ¡Ulises maricón!”), el doble sentido (el “tesoro” de La isla del tesoro es, en realidad, un afeminado pirata, a quien los marineros llaman “tesoro”), etc. Y todos ellos, por supuesto, mezclados y combinados con una riqueza y una intuición ligüísticas y visuales pocas veces vistas y leídas.

clásicos 3En el ensayo “Por qué leer los clásicos”, Italo Calvino arguye que no hay nada como la lectura efectiva de los clásicos, a los que uno suele conocer de oídas (como dicen que conocían la Odisea los hermanos Coen al momento de filmar ¿Dónde estás, hermano?), muy preferible a la lectura de bibliografía crítica sobre ellos, de segundo grado. Tal vez la mejor manera de acercarse a esos textos sea, precisamente, la de la parodia-homenaje, que combina la doble instancia de lectura y escritura, de crítica y ficción, propia de las grandes obras de arte. No conviene olvidar que el Quijote, clásico de clásicos, surge en calidad de parodia de los libros de caballería para erigirse en monumento fundamental de la literatura de todo tiempo y lugar.

Hernán Martignone

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5 respuestas a Reseña de “Los clásicos según Fontanarrosa”, de Roberto Fontanarrosa – Editorial Planeta (2013)

  1. Podría decirse, sin temor a equivocarse, que “reseña” le queda chico… como tres talles.
    Gran texto sobre gran obra.
    Hace unas semanas releí justamente este libro del Negro y me generó algo similar a su reflexión, claro que sin su pluma.
    Si se fija en mi blog, la imagen del Quijote arremetiendo con Rocinante está sacado de Pabis, Gurus, Laxos y Praxis. (Homenaje, del homenaje al homenaje).
    Gran abrazo.

  2. El bobo de la tribu explicando sus chistes… patético. Hernán, no agarre pal lau de que su texto no está a la altura. Quise decir que rotular de “reseña” su texto, es autoningunearlo porque supera esa categoría.
    Pero ya fue mandado así de confuso mi comentario y no se puede editar.

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