Repaso de Animé (2010-2016) – Introducción, por Mariano Prunes

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Repaso de animé (2010-2016) – Por Mariano Prunes 

Hace ya rato que mucha gente se viene llenando la boca con esta era de oro de la televisión que al parecer estamos teniendo, o era de oro de las series, para ser más precisos. Más allá del innegable paso adelante en lo que respecta a la ficción televisiva de las últimas décadas, muy a menudo superior a su contraparte de cine made in Hollywood durante el mismo período, también estaría bueno pensar un poco en todo lo que ya no podemos encontrar en televisión.

En primerísimo lugar, el monopolio norteamericano es aplastante, superior quizás hasta al del cine en lo que respecta a la posibilidad de ver cosas hechas en otro lugar. Incluso si uno contrata una plataforma de streaming como Netflix, lo único que le ofrecen son series norteamericanas mechadas con algo de producto local, pero es muy difícil ver series hechas en otros países, por más que tecnológicamente es más que posible y la misma plataforma en cuestión parece tener los derechos ya que los muestra en sus países de origen. Si uno vive en Argentina podrá ver series argentinas o alguna coproducción con otro país iberoamericano, pero si quiere ver algo de algún país de Europa, Asia, Oceanía o África, está bastante frito.

Series norteamericanas hay muchas (pero ojo que en USA hay otras que acá no llegan aún, entre ellas algunas de las más admiradas) y muchas son muy interesantes, pero tienen justamente el problema de estar todas hechas siguiendo un modelo de producción muy similar, lo que inevitablemente termina derivando en personajes, géneros y sobre todo, ideas, similares. Por ejemplo, así como les encanta todo lo histórico o fantástico a gran escala, el sexo, la violencia o los clanes familiares disfuncionales, una historia de amor sencilla o divertida hace rato que no la saben escribir y la comedia de situación ha sido reemplazada (con fortuna incierta) por comediantes de stand-up que hablan principalmente, ya lo adivinaron, de sexo. Y ni hablar de animación, donde solo pueden hacer cosas para niños de hasta 7 años o comedias para adultos (o mejor dicho eternos adolescentes) de humor grotesco y/o fumado, sofocadas por el peso de tanta referencia y parodia a la cultura pop.

El animé tiene sus fanáticos y sus detractores; irónicamente en general son lo uno o lo otro por el mismo motivo: el animé es diferente. Diferente en cuanto a estética, en cuanto a géneros, en cuanto a ideología, en cuanto a formato, en cuanto a tipo de historias, de humor, de personajes, de referencias culturales, de estereotipos, inclusive. El animé te puede gustar más o menos, pero te hace pensar, reír o agarrarte la cabeza por otros motivos de los californianos o neoyorquinos. Lo que no quiere decir que no existan lugares comunes en el animé, naturalmente; por ejemplo, se hace cada vez más difícil encontrar una serie en que los protagonistas sean adultos. No me atrevo a elucubrar teorías sobre la familia japonesa de hoy en día, pero puedo afirmar que en el animé de hoy los padres prácticamente no existen, los chicos aparentemente viven solos desde los 11 años. 

Por muchas décadas, los proyectos mejores y más innovadores de animé le pasaban el trapo a cualquier otra industria televisiva y hubo un momento a mediados de los noventa en los que parecía que se iba a volver algo realmente masivo. En estos años que los norteamericanos han repuntado sensiblemente, el animé ha vuelto al circuito subterráneo (¡aunque global!) de sus fanáticos de siempre, y es una lástima.

En este contexto, es una verdadera vergüenza que por más que cada vez disponemos de más canales y plataformas, desde que desapareció Animax hace varios años ya no hay un solo canal que pasé dibujos animados japoneses, y muchos menos los nuevos. Parece que Netflix ofrece ahora algo, no demasiado y además – como suele suceder – solo del tipo de géneros que piensan que le pueden interesar a una audiencia norteamericana. Irónicamente, si bien el animé ha casi desaparecido de los medios masivos, gracias a internet podemos ver lo que están viendo los japoneses en este mismo instante, algo imposible hasta hace una década. Pero esto no hace más que plantear un nuevo problema: debido a la proliferación de plataformas la producción de animé contemporáneo es tan vasta que resulta inabarcable, aún para los fanáticos más recalcitrantes o con muchísimo tiempo a su disposición.

Antes llegaban pocas series; ahora son o ninguna o demasiadas. En un cierto sentido, era mucho más fácil discutir de animé o hacerse una idea del género hace 15 años, porque todos habíamos visto las mismas series. En este momento no hay puntos de referencia evidentes, por lo que se vuelve más difícil establecer cuál es el verdadero presente de la industria, en particular en términos de calidad. La pregunta clave pasa a ser ¿cuáles son las series que hay que ver, las que retratan mejor el presente o van a influir en el futuro del animé?

En mi caso particular, esa es una pregunta que me interesa mucho, por lo cual cada par de años me pongo a buscar, bajar y ver qué andan haciendo los locos esos de Tokio. Estas notas van entonces dedicadas a todo aquel o aquella que se estaba preguntando adónde había ido a parar el animé. La respuesta corta es: sigue en el mismo lugar. Siguen haciendo muchísimas series cada temporada, de hecho cada vez hacen más (imposible seguir más de un 10%), sigue habiendo buenas y malas, mediocres y excelentes, trilladas y originales. La respuesta más detallada la iré dando en entregas, en las que comentaré brevemente una veintena de series de los últimos años, todas ellas señaladas en varios rankings como lo mejorcito dentro de sus géneros específicos. Hay para todos y todas, que cada cual elija lo que le guste más.

Mariano Prunes

PD: Les debo una de robots gigantes, seguro que hay algo nuevo interesante pero esta vez no tenía ganas.

Para leer las dos primeras recomendaciones, clic aquí.

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3 respuestas a Repaso de Animé (2010-2016) – Introducción, por Mariano Prunes

  1. adastra83 dijo:

    Anime en TV, mmm…mmm… Lo único que se me viene a la mente es Yo Kai Watch en Disney XD, Doraemon, Saint Seiya: The Lost Canvas y Naruto en canal 9, y alguna que otra película de Dragon Ball Z y Pokemon Cartoon Network. Extrañamente el otro día enganche la película “5 cm por segundo” en Encuentro.
    Con respecto al monopolio yanqui de las series, adhiero. Hay muchas producciones interesantes por fuera del mercado estadounidense que no llegan acá.
    No hay muchos animes de los últimos años que me hayan gustado. Soy un nostálgico y estoy revisando mucho la etapa de los 70 y 80. Pero sí vi un ¿Shojo? ¿Josei? que me agradó bastante: “Sakamichi no Apollon”. Amistad y Jazz (excelente banda de sonido).

  2. Pingback: Repaso de Animé (2010-2016) – Psycho Pass y K-ON! | sobre historieta

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