Comentando “Sin coordenadas”, de Martín Vitaliti (Tren en Movimiento Ediciones)

Sin coordenadas, de Martín Vitaliti

Buenos Aires, Tren en Movimiento Ediciones, 2016, 272 págs., blanco y negro

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En el fondo, la forma ha cambiado

El prólogo de Ezequiel García juega con las clásicas preguntas supermaníacas sobre el pájaro y el avión (naturaleza y cultura), imágenes que recorren (junto con el superhombre) Sin coordenadas de Martín Vitaliti, para cerrarse (y abrirse) con una tercera: ¿Es una novela gráfica? La información de legales del libro y la faja editorial amarilla que lo acompaña dan una respuesta afirmativa, y García lo sugerirá hacia el final de su texto. Yo respondería también que sí, o mejor dicho que no: es una supernovela gráfica, con las diversas connotaciones que ese prefijo supone.

Un punto (benday) le alcanza a Vitaliti para armar toda una trama de encuentros y desencuentros: ese punto está en la definición de la palabra “coordenadas” (“Punto definido en el espacio por la intersección de líneas coordenadas”) y aparece y se metamorfosea en diferentes “puntos” de la historieta, en la propia tapa y también en la tapa de un libro dentro del libro. (Bastaría con ese detalle para responder a la cuestión de lo autobiográfico en esta obra, cruzándolo con las “instalaciones” o collages historietísticos de Vitaliti en museos y con los paisajes infantiles del sur argentino). Estamos ante un Lichtenstein minimalista que transfigura el yin y el yang en algo menos maniqueo, argentinizado en un punto sin color(es): “descolorida república” nos llamó Borges; además la bandera de la historieta argentina es negra y blanca, y su sol bien podría ser un círculo negro. Vitaliti no se esconde: se asoma y embroma en esa referencia que es todas las referencias (el aleph también es un punto). Vitalichtenstein (cf. Borgestein) podría ser el nombre de esta notable “criatura” emergente: un monstruo, como decimos acá, hecho de pedazos de la Argentina y de España (de imágenes verbales, de representaciones de esos lugares), y un pibe que juega a retacear y a retrazar un mapa sin coordenadas de y para la historieta (argentina).

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Hay muchas preguntas (y algunas respuestas) en una historieta que no renuncia a buscar el sentido aunque comienza lanzando un desafío a los sentidos (desde su mismo título). Hay un punto de fuga que lleva al menos (a) un sentido, pero no clausura las interpretaciones. La pregunta por el sentido (“¿cuál es el punto?”, suele decirse) está ahí. O por los sentidos: de la vida, del arte, de las relaciones humanas, de la imaginación. Está la pregunta por el origen, que se presenta como afirmación: “Recuerda entonces que el origen está intacto y es inamovible”, dirá un hombre duro, pero el origen se construye (acá cobra fuerza de nuevo la cuestión de lo autobiográfico) o se cuenta de diversos modos, y cambia, incluso en los superhéroes (el “origen secreto”), incluso en el superhéroe por antonomasia (aunque un núcleo, el del lugar de origen, perdura siempre). Pero tampoco se puede volver a ese punto, o no de la misma manera: “Una vez que te vas, el extranjero nunca se te quita de encima. Aunque vuelvas”. Para quienes buscan “reflexión”, “contenido”, “profundidad”, “una historia”, la inmigración (“quieto/muévete”) es el tema que se despliega y se debate de múltiples maneras en la trama (y es sugerido incluso en el título de las divisiones que la estructuran: “parte I” y “parte II”). También en esa cuestión hay afirmación y hay pregunta (como se ve en la imagen de la sobrecubierta): “Tú no eres de aquí, ¿verdad?”. De ahí la importancia de la figura de Superman, de la pregunta infantil por la (doble o triple) identidad (¿alien, terrícola, americano?): su mutación constante, representada en las variaciones del dibujo (la tradición que se cuela, omnipresente), mantiene en el origen a Kryptón (lo “oculto”), el planeta al que no (se) puede volver (“estaré a un millón de años luz de casa”). Y si no se trata de un lugar, entonces tenemos que “la patria es la infancia”, momento crucial de la vida del “héroe” de Sin coordenadas. Y también sabemos que “la patria es la lengua”, y más específicamente “el dialecto” o incluso “el acento”. Porque se puede hablar de inmigración pero siempre se habla de lenguaje (en sentido amplio).

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El estilo casi realista y muy definido del dibujo se mueve entre la identificación rápida de algunas situaciones “típicas” y la posibilidad de salirse de cierto tipo de representación y abrir la ventana hacia otras realidades expresivas (la ternura, por ejemplo, o la emoción), además de realzar el contraste con las diferentes encarnaciones de Superman que se ponen en página (muchos Superman suponen muchas capas, muchos pliegues). Vitaliti cumple el multitudinario sueño de escribir y dibujar a Superman (o al Eternauta o a Nippur, por caso): no de jugar a ser Superman (con un muñeco o en carne propia), sino de jugar con Superman, sin caer en la burla o en la parodia-homenaje o en la idolatría. Una mujer teje (o cose) un traje para jugar (o para sobrevivir), alguien mira hacia arriba esperando ver si existe un hombre que vuela (o si cae una nevada). En el final se pone en juego animal-man-7-red-maskexplícitamente (aunque está anticipada) la máxima de Heráclito “el camino arriba-abajo, uno y el mismo”, que se vincula a su vez con la anécdota de la caída de Tales de Mileto en un pozo por distraerse observando las estrellas y con la interrogación filosófica por el “movimiento” (de nuevo, “quieto/muévete”), central para esta historieta y para la historieta como lenguaje. Se ha dicho que “we are all in the gutter, but some of us are looking at the stars” y también “per aspera ad astra” (o “los pies en el barrio y el grito en el cielo”): estamos atados al suelo pero soñamos con el cielo (con volar). Vamos acumulando escaleras para alcanzar altura, pero (siempre) hay algo que nos/las derriba. Tal vez un mundo de gente que sueña (o que espera ver pasar volando a Superman, que es una forma de soñar también) sería un mundo de gente con tortícolis permanente, pero hasta el protagonista de Sin coordenadas parece ceder y “bajar la cabeza” porque Superman desapareció y los aviones no paran de partir. Sin embargo, en ese movimiento de doblar la cerviz orgullosa (y en ciertos contextos) también se puede encontrar algo de valor, si la mirada establece contacto visual con otro/a o se vuelve introspección (“por adentro pasan los aviones” podría cantar Calamaro). 

animal-man  Vitaliti sabe (hacer) explotar toda esa ambigüedad que ha ido creando, porque “la ambigüedad es una riqueza”. Muchos diálogos sobre inmigración e inmigrantes funcionan también para hablar del arte y del artista, y viceversa, y lo mismo sucede en la genial secuencia del “reinado de los Supermen” del centro del libro (y obviamente en el título de la obra). Un piso damero coincide en la posición en la página, pero a gran distancia, con un alambre tejido. El texto habla de un tejido al mismo tiempo que lo muestra de otra forma (texto y tejido son la misma cosa y son también una “trama”). Algo similar pasa con el (hombre) caracol y las vetas de la “casa” que lleva a todos lados, el “jorobadito” con su remera a rayas y el faro móvil que guía con intermitencia (¿es un caracol? ¿es un barco?). La ausencia de coordenadas a la que alude el título se grafica (se escribe y se dibuja) en la sobrecubierta del libro, porque el diálogo de “tú” (“Tú no eres de aquí, ¿verdad?”) no corresponde a ese paisaje “barilochense” que la ilustra (nótese que los textos de los diálogos fueron escritos junto a Hernán Alescio). Este es un buen ejemplo del particular trabajo mixto, con la palabra y con el dibujo, que hace una historieta, que se deja ver desde el principio con una secuencia “muda” pero llena de onomatopeyas y se magnifica en el final con la dis-posición amplificada de acciones paralelas que terminan en el plano detalle de los globos de diálogo, lenguaje historietístico en estado puro.

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Corto acá: sé que voy (vamos) a seguir hablando mucho tiempo sobre Sin coordenadas.

Hernán Martignone

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